Fernando Patiño: el artista que pinta con humo

Con el hollín de las llamas crea fascinantes retratos y escenas interiores. Estos días los exhibe en el Centro Cultural Torrente Ballester


ferrol / la voz

Fernando Patiño (Ferrol, 1976) lleva toda la vida creando. Con solo cuatro años, un buen día su padre lo sentó frente al caballete y ahí emprendió un largo camino artístico que lo llevó a experimentar con técnicas como la talla de madera, el grabado, el óleo, el acrílico... Y desde hace ahora cuatro años, también con el humo, un material tan etéreo, impalpable y volátil que parece imposible que con él se puedan crear cuadros tan realistas y con figuras y rostros tan definidos como los que llevan la firma de Patiño. «O seu dominio da técnica é espectacular: miras estes cadros e xamais poderías imaxinar que están feitos con fume», comenta admirado ante una de sus obras José Liñeira, monitor didáctico del centro cultural Torrente Ballester.

Allí se exhibe desde hace pocos días Humo, una muestra en la que Patiño reúne casi cuarenta obras creadas con su particular versión del fumage, una técnica inventada en 1936 por el artista surrealista Wolfgang Paalen y que consiste en recoger las impresiones del humo de una llama en un lienzo o en papel. «Se trata de una técnica muy compleja: yo utilizo un pequeño quinqué con queroseno y con el humo que desprende voy pintando el cuadro por tonalidades, dándole más o menos fuerza a la llama y valiéndome para ello de distintas plantillas, una por cada tonalidad: luego, cuando ya lo tengo todo listo, retoco y difumino el resultado de esa huella que ha dejado el humor con gomas y punzones», explica el artista.

La tarea no resulta nada sencilla, porque Patiño tiene que pintar con máscarilla, sentado sobre el suelo y con la cabeza mirando hacia arriba, donde coloca el lienzo. Y además, al desglosar el cuadro por tonalidades, cada obra requiere muchas horas de trabajo. «En un año no me da tiempo a hacer más de doce cuadros: en cada uno de ellos invierto una media de doscientas horas, y en algunos, como este, hasta quinientas», advierte el artista en alusión a «Elipse», una de las obras que se pueden ver en «Humo».

Huyendo del cliché

Pero si la técnica de Patiño resulta fascinante, no menos curiosos son los mensajes que encierra su obra. El recorrido por Humo comienza con un lienzo en negro (Lo dado) y termina con otro en blanco (Lo ansiado), que representan la colisión entre la realidad y la utopía, entre el pensamiento preconcebido -el que nos viene dado- y la libertad.

Y es que esa necesidad de huir de los «clichés» y de liberar la mente del pensamiento dominante -de ahí los retratos de cabezas constreñidas por elementos dañinos, como el plástico o la carne- es una de las principales lecturas que se desprenden de la exposición, pero no la única, porque Humo también critica los males de la sociedad patriarcal, reivindica el empoderamiento de las mujeres y, en algunas de sus obras, hasta entronca con las ideas de pensadores como Hegel. «Es que me encanta la filosofía y el psiconálisis», revela Patiño, que prefiere decir que pinta «con fuego» en vez de con humo por Heráclito. Para el filósofo griego, el fuego era el elemento básico de todo. A Patiño le ha servido para «iluminar» su obra. 

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