¿Sabes realmente cómo era una bandera pirata?

La calavera con dos tibias es solo una de las muchas versiones existentes


Ferrol

La mera mención de la palabra «piratas» helaba la sangre de cualquier persona que hubiera hecho de los viajes por el mar su medio de vida durante la Edad Moderna. Viajeros, comerciantes y marineros sabían que, por muy bien pertrechados y defendidos que fueran sus barcos, cuando se encontraban en alta mar, era la visión de una bandera la que les indicaba que estaban a punto de encontrarse cara a cara con una de sus peores pesadillas. Todas las banderas piratas tienen una sola cosa en común (y esto se aplica tanto en los piratas del Norte de África como en los anglo-americanos u otros que podamos imaginar): la necesidad de aterrar a los marinos de comercio que serían sus víctimas.

Si bien es verdad que los piratas se interesaban por los tesoros, tenían también necesidad de comer y beber, así como de cabos y velas para sus propios barcos, equipos de navegación y elementos esenciales del día a día. Esto nunca está bien representado en la ficción, pues no les guiaba solamente sed de sangre y de cofres repletos de monedas de oro.

Estamos acostumbrados a pensar en la bandera pirata como aquella de fondo negro en la que aparecen una calavera y dos tibias en forma de cruz (conocida como «Jolly Roger»), que a veces eran sustituidas por dos espadas. Esta imagen tan popularizada por el cine y la televisión no se corresponde totalmente con la realidad, tal vez esto tenga que ver con aquellas imágenes en blanco y negro que nos fascinaban en las antiguas salas de cine de nuestra infancia, pero, aunque sí que existieron banderas con ese diseño tan conocido, también se utilizaron otra gran cantidad de versiones diferentes.

Una simple bandera negra ya identificaba al barco que la llevaba; generalmente, una bandera roja no solo lo identificaría como pirata, sino que también indicaba que ese navío no tendría piedad ni habría posibilidad de rendición. El origen de las banderas rojas puede estar en las que usaban los corsarios ingleses por orden del Almirantazgo en 1664, la red jack. Cuando la Guerra de Sucesión Española acabó en 1714, muchos de esos corsarios se convirtieron en piratas y algunos de ellos retuvieron la bandera roja, símbolo de sangre.

Sirva un ejemplo, Edward Teach, el famoso «Barbanegra», que utilizaba una bandera en la que aparecía un esqueleto con la forma de un demonio que sostenía, en una mano, un reloj de arena y, en la otra, una lanza con la que se preparaba para atravesar un rojo corazón sangrante. Algunos de los piratas más famosos utilizaron un diseño en particular que servía para identificarlos: bolas de cañón en llamas, relojes de arena, arpones, sables, esqueletos... En fin, tantos como podemos imaginar.

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