De Sant Cugat del Vallés a Espasante, vía Nueva York

La familia del catalán Jordi Guix pasa las vacaciones de agosto en el hostal Las Palomas desde que abrió, en 1975

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ESPASANTE / LA VOZ

Jordi Guix, empresario del sector del automóvil en Sant Cugat del Vallés, a unos 30 kilómetros de Barcelona, fallecido hace años, su mujer, Conxita Sitjes, y sus niños, Cristina y Jordi, emprendieron viaje por el norte en agosto de 1975. «Atravesaron Viveiro, vieron un indicador de Ribeiras do Sor y se desviaron hacia allí, porque mi padre tenía una prima que había emigrado a Nueva York, donde había conocido a un chico, Rodrigo Fernández, originario de Ribeiras do Sor, con quien se había casado», narra el hijo, que entonces tenía solo seis años.

Allí encontraron a los padres de aquel joven y con ellos pasaron el día. «Querían que nos quedásemos a dormir, pero dijimos que no y entonces nos hablaron de que se había inaugurado una pensión y un restaurante en Espasante», rememora la madre. «Era el hostal de Chano y Silita, que hoy regenta su hija, Loli, y allí nos quedamos», explica Jordi. «Me sorprendió la calidad y el precio, aquí [en Cataluña] no nos podíamos permitir unas vacaciones así, que mis hijos comieran almejas... A mi marido le encantaba, quería hablar gallego, charlaba con los pescadores, acompañaba a Silita al puerto a comprar el pescado...», relata Conxita. Desde entonces reservaban dos semanas de agosto para viajar a Espasante, y desde allí recorrer la zona y otros puntos de Galicia; y el 13 de agosto festejaban el cumpleaños de Cristina, de la edad de Loli. «Se hicieron amigas desde el principio y mi hijo hizo amistad con los hijos de un matrimonio de Vilalba». La relación perdura y ahora son Jordi y su familia los que veranean en Espasante (hace dos años volvieron todos para celebrar el 50 aniversario de Cristina). «A mi marido le encantaba el clima, el paisaje es precioso... Y la carretera ha mejorado mucho, el primer año la autopista solo llegaba hasta Zaragoza, salíamos a las cinco de la mañana y llegábamos a las once de la noche, del tirón. Eran las ganas de ir y que a mi marido le gustaba mucho conducir», recuerda.

La familia Guix ejerce de embajadora de Espasante. «Como llevamos tantos años yendo y hemos hablado tantas maravillas, medio Sant Cugat ha estado allí, y en Las Palomas», comenta Jordi. «Aquí creían que teníamos familia en Galicia», dice su madre.

«En Las Palomas me sorprendió la calidad y el precio, aquí no nos lo podíamos permitir»

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