Miguel Loureiro: «Cuando Ferrol sufrió su crisis más dura, se refugió en el deporte»

«A Canido vuelvo constantemente, allí está mi madre y ese lugar lo es todo para mí», dice

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redacción / la voz

Miguel Loureiro, Canido (Ferrol, 1956), es una auténtica leyenda. Y hay que decirlo siempre así, de entrada y sin más dilaciones, porque nada hay más cierto. Fue un gran deportista, como todo el mundo sabe. Una de las grandes estrellas del mejor baloncesto gallego. Pero, más allá de esta circunstancia, la verdad es que pocas personas han encarnado, a ojos de la gente, con tanta intensidad como él, lo que Ferrol es y lo que Ferrol, ante la historia, representa. Un símbolo, Miguel Canido. Una bandera de carne y hueso. «¡¡¡Opa Canido!!!», le gritan cuando va por la calle. Él sonríe siempre. Y que no se nos olvide decir, por cierto, que es un hombre de una bondad inmensa.

-Acaba de jubilarse recientemente, tras trabajar en el sector naval durante los últimos años. ¿Qué perspectiva le aporta el paso del tiempo?

-La verdad es que yo llegué muy joven al deporte. Primero jugué al fútbol, en el Racing, donde formé parte del conjunto juvenil y entrené con el primer equipo, que entonces estaba en Segunda División. Pero después empecé ya con el baloncesto, y en las filas del OAR mis compañeros y yo llegamos a alcanzar la élite del básquet español y a disputar competiciones europeas. Lo que veo ahora es que vengo de un tiempo en el que todo el mundo hacía deporte, y en el que, a pesar de las dificultades, la vida se miraba de otra manera. Y creo también, por otra parte, que nosotros no supimos valorar en aquel momento lo que habíamos conseguido. Cuando echo la vista atrás, veo el sacrificio que hicieron tantos y tantos compañeros para que Ferrol brillase al máximo nivel en el deporte en momentos en los que la ciudad estaba sumida en una profunda crisis económica, y me enorgullezco de haber podido ser una pequeña parte de todo eso. Porque cuando Ferrol sufrió su crisis más dura, la del sector naval, se refugió en el deporte. Y fue el deporte quien trajo las alegrías que la ciudad necesitaba tanto.

-En los años ochenta aún era frecuente que muchos deportistas de alta competición compaginasen trabajo y entrenamientos. ¿Cómo se llevaba eso?

-Era muy difícil. He visto a mucha gente llegar a niveles de entrega y dedicación increíbles para tener un trabajo y, a la vez, entrenar al máximo nivel dos veces diarias. Pero vuelvo a lo mismo: por aquel entonces no éramos conscientes, tampoco, del desgaste que aquello suponía.

-¿Sigue haciendo deporte?

-Aún hago bastante deporte, sí. Me gusta estar en forma: camino, nado, hago pesas y a veces voy a correr por la playa.

-¿Vuelve mucho a Canido?

-Vuelvo constantemente. Allí está mi madre, y ese lugar lo es todo para mí. ¡Canido huele de otra manera: a recuerdos de infancia, a amistad, a naturaleza. No hay nada más importante que el afecto, y yo le quiero mucho a Canido. ¡Todo Ferrol, toda esta tierra, va siempre conmigo, en el corazón! Y así será siempre

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