¿Sabías que la Marina tuvo caballería embarcada?

El ministro don Manuel de la Pezuela ordenó a la caballería de la Armada española ir a bordo de los navíos


Aunque pueda parecer algo extraño, casi rozando con lo surrealista, hubo un período histórico en el que la Armada española tuvo su propia caballería, tanto a bordo como en tierra. La caballería embarcada fue creada por orden firmada por el ministro de Marina Don Manuel de la Pezuela y Lobo-Cabrilla, concretamente en 1885.

El almirante Pezuela (1817-1899) fue un excelente marino y por ello impulsó diversos y variados proyectos, pero quizás los dos más curiosos fueron el famoso submarino, creación o invento de Isaac Peral -que finalmente caería en desgracia, básicamente por razones políticas-, y el menos conocido y quizá más sorprendente de la denominada caballería del mar.

Pezuela, durante su juventud, participó en dos importantes guerras, la Primera Carlista y también en la Campaña del Pacifico, y en ambas había tenido que combatir en tierra al mando de brigadas de marinería. Por esta razón argumentó que el uso del caballo embarcado sería fundamental, tanto para misiones de exploración y reconocimiento como para entrar en combate una vez en tierra. Es curioso que demostró una cierta visión de futuro ya que se puede considerar como el origen o inicio de las operaciones anfibias de este tipo en territorios hostiles.

Ley Pezuela

Para el desarrollo y aplicación de esa orden, en un cierto número de barcos, se construyeron cuadras para alojar a los caballos y se mandó comprar una gran cantidad de estos animales. Se permitió el cambio de cuerpo de un cierto número de oficiales al de Infantería de Marina, de quien dependería la caballería de mar pues este cuerpo ya disponía de unidades montadas en sus regimientos de España y Ultramar, destacándose especialmente su uso en las campañas de Cuba.

Debido al corto período de tiempo del mandato ministerial de Pezuela, la orden cayó en desgracia, aunque los oficiales que se habían pasado a la sección de Caballería, cobraron sus pluses (complemento salarial) correspondientes hasta el final de sus días. Es curioso destacar que un grupo de oficiales de Marina de los cuerpos de mar y durante un prolongado período de tiempo reclamaron su caballo al terminar sus estudios en la Escuela Naval. Estos oficiales lo consideraban un derecho adquirido, aunque debido a la complicada situación económica de la época, donde los sueldos no se recibían puntualmente llegando a producirse retrasos de hasta 36 meses es fácil entender que esta no era una prioridad, por lo que tarde o temprano la mayor parte de estos oficiales renunciaron al derecho que les había reconocido la original Ley Pezuela.

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