Comercio cercano


En España se está produciendo un fenómeno aparentemente contradictorio. Los centros comerciales han crecido en 2017, tanto en superficie como en facturación. La Asociación Española de Centros Comerciales cree que los próximos años serán muy positivos. Para Galicia se anuncia la apertura de cinco nuevos centros comerciales, aunque el que se prevé que será el más grande de España (Porto Cabral en Vigo) todavía no tiene los terrenos en propiedad. Sin embargo uno de los canales «motor» de los centros comerciales, los hipermercados, están perdiendo ventas y clientes año tras año. El canal hipermercado llegó a representar el 20 % de todas las ventas en nuestro país, y ahora está por debajo del 14 % y bajando. Los consumidores compran más frecuentemente, los tiques de compra son cada vez menores y se utilizan más las cestas que los carros. Conclusión: los centros comerciales crecen a base de su pequeño comercio, la hostelería, los cines, boleras, circuitos de karts, etc… Se están transformando -los que no lo son ya- en centros de ocio más que en centros comerciales.

Por su parte el comercio tradicional se mantiene estable. Los barrios y los cascos históricos se reinventan continuamente. Nuevas franquicias, nuevas tiendas (por ejemplo, de alimentos a granel y ecológicos) y en sus calles más comerciales aterrizan ya sin complejos las grandes cadenas de distribución, sean supermercados cada vez más pequeños y cercanos, tiendas de electrónica o las grandes firmas de textil.

El barrio de la Magdalena no debe ser una excepción. El grupo Inditex acaba de cerrar una tienda de su marca Zara, aunque a pocos metros mantiene abiertas tiendas de otras enseñas, como Zara Home. Sus mejores calles, las calles comerciales, deben ser, de nuevo, sede de aquellas firmas que quieran ofrecer sus productos. Naturalmente no a cualquier precio, como lo fue la implantación de Simago (hoy El Corte Inglés) a costa de derribar la casa Caamaño. Barbaridades de ese calibre no pueden volver a repetirse. Hoy tenemos ejemplos de edificios históricos con nuevas funcionalidades y con sus fachadas protegidas y restauradas, como la casa Carvajal (Ateneo) o el antiguo Hospicio. Es fácil comprobar en ciudades cercanas como estas firmas -no solo Zara- se instalaron en antiguos cines, iglesias, estaciones de tren, fábricas o edificios residenciales, dándoles una nueva vida. La rehabilitación de la Magdalena pasa por facilitar la implantación del nuevo comercio y la promoción de sus tiendas y mercados tradicionales, con el obligado respeto a su condición de Bien de Interés Cultural. Hoy, lamentablemente, el barrio está en peores condiciones que hace treinta años. Es hora de revertir la situación, mientras tenga algún vecino.

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