Casi dos metros de calabacín italiano

María Rego cuida en A Cabana una huerta muy peculiar, en la que experimenta con productos de muchos lugares, en especial los italianos que cocinaba en el Pisani

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Ferrol

A la tienda de alimentación Mundo de A Magdalena acaba de llegar un calabacín de 1,60 metros. «Lo tenemos para presumir, porque es una pieza impresionante», reconoce Elías Yáñez, uno de los responsables de un establecimiento en el que se mira mucho el origen y la calidad de los productos. En este caso el gigantesco fruto llega de una huerta de A Cabana que cuida María Rego con un mimo especial desde que dejó el restaurante Pisani por jubilación. «El que mandé a Mundo es grande, pero en la finca tengo uno que casi llega a los dos metros», explica orgullosa sobre una especie de origen italiano que conoce muy bien.

«Las semillas de esta planta las traje el año pasado de Nápoles, pero hace 20 años tuvimos otra plantación que daba frutos igual de grandes», apunta una horticultora que está enamorada de esta especie por el modo en el que crece formando un emparrado que casi rivaliza en frondosidad con los kiwis que tiene cerca. «La tierra de A Cabana es muy buena y eso queda patente en el modo en el que crece esta planta y otras muchas, porque tengo un aguacatero que casi forma una cabaña en su interior -precisa-. Es que se puede rodear con un coche».

Tres décadas en el Pisani

María ha pasado tres décadas en la cocina del restaurante Pisani preparando recetas de Italia, la patria de su exmarido, y con la que sigue teniendo una relación muy cercana.

«Vuelvo mucho, para mí son como mi familia», dice. Ahora se vuelca en el cuidado de las plantas, cada año las va podando para que adopten formas curiosas o simplemente estén más cómodas en una finca donde hay maracuyás, caquis y también hortalizas de gran tamaño, como una zanahoria con forma erótica que arranca sonrisas a todos los que la ven.

Sin embargo, María reconoce que las piezas gigantes no son, precisamente, las más preciadas en la cocina: «Cuando están más tiernas son más ricas», aunque cuenta con una lista de sugerencias tan larga para cocinar el calabacín que casi se quedan cortos los ejemplares que consigue en su huerta.

De hecho, en su añorada Nápoles estos zucchine longos se venden en los mercados por partes para hacer minestrones, «unos potajes o sopas con verduras que son muy ricos y nutritivos», apunta. Otra de las sugerencias es cocinarlos con salsa de tomate, cebolla y especies para acompañar un plato de pasta.

Esta horticultora cuida la conservación de sus mejores piezas, por eso hace dos décadas, cuando consiguió otra cosecha de calabacines italianos de gran tamaño secó con pericia el más largo para conservar un recuerdo.

Seco desde hace 20 años

«Hay que quitarle las semillas y tratarlo bien», precisa una aficionada a la huerta que llegó a viajar en avión desde Andalucía con una planta que ahora crece a sus anchas en su terreno de A Cabana. «Ya me gustaría seguir agrandando la plantación, pero a veces he tenido que recortar, porque eran demasiados frutos o trabajo», cuenta entusiasmada.

Mientras ella sigue investigando nuevos productos los clientes del establecimiento Mundo bromean con un calabacín que a nadie se le pasa por alto.

«Nos han pedido muchas personas las semillas, pero no pensamos venderlo, tal vez guardarlo y secarlo o hacer muchos purés para la pequeña de la familia», zanjan los propietarios del establecimiento de la calle María.

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