Pequeñeces


Lo pequeño es un valor que, especialmente en la política, va perdiendo peso, sepultado por lo importante. Los cargos públicos disfrutan anunciando proyectos e inversiones o fotografiándose en inauguraciones o eventos que les den la gloria, efímera casi siempre, que supone repartir recursos de todos, ofrecidos como un regalo adquirido con el patrimonio propio. Cientos de ejemplos demuestran que es muy frecuente que las acciones de gobierno, de los gobiernos de todo ámbito, se presenten envueltas en la autocomplacencia de quien se cree un rey mago, cuya principal tarea consiste en repartir…

Aunque esto ocurre con todos, me parece que lo más grave es la tendencia de los cargos locales a envolverse en proyectos que consideran rentables electoralmente -algunos ni siquiera son de su competencia- y olvidarse de lo suyo, que acaban considerando asuntos menores. Cuando son, precisamente estos, su primera obligación y suponen la prestación de servicios que tienen una repercusión inmediata en la calidad de vida de los ciudadanos y en la imagen y proyección de la ciudad o pueblo que gobiernan. La relación de problemas sería muy larga y me resulta difícil priorizar. Pero un paseo por nuestro municipio ofrece un desolador paisaje, que empeora día a día, sin que se vea actuación alguna encaminada a corregir deficiencias, tan evidentes como fáciles de resolver: el estado de la red viaria, solares y fachadas ruinosas; la limpieza (cacas de perros hasta en las calles más céntricas, contenedores con olor a podrido, sobre todo en la zona rural). Problema agravado en los mercados municipales por el abandono general de estas instalaciones sin servicio complementario alguno. Por no hablar del caos circulatorio con problemas puntuales de los que jamás se informa, etc. Todo esto tiene soluciones, que dependen, exclusivamente, de la voluntad y ¡del trabajo! de los responsables. Además, estas pequeñeces cambian la cara y el alma del paisaje y… dan votos.

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