«El puerto de Bares fue estratégico para la navegación»

El torrero desgrana en un libro su interpretación de la historia de este pueblo marinero


La curiosidad movió a Eugenio Linares Guallart, asturiano de 63 años, que lleva más de 33 de farero en Estaca de Bares, a descubrir al Gigante de Bares, una roca tallada de grandes dimensiones, «el primer indicio para los navegantes, en la edad de piedra, de que el lugar estaba habitado por seres poderosos». A esta «obra de cíclopes [de cinco metros de alto]» le atribuye el origen del término Bares, «por cuanto podría ser buruhun, la cabeza buena [en vasco]», a la que ya se refería Federico Maciñeira en la obra Bares, Puerto Hispánico de la Navegación Occidental, publicada en el año 1947. El arqueólogo e intelectual ortegano lo interpretaba «como un emplazamiento avanzado» y Linares desgrana su propia teoría al respecto en Estaca de Bares. Un paseo por las piedras, libro autoeditado, del que ya prepara una segunda edición ampliada y corregida.

Como ya advierte en la introducción, este torrero ofrece su interpretación de la historia de Bares, con un importante soporte bibliográfico, pinceladas de leyenda y un trasfondo reivindicativo. Linares critica a las administraciones, en especial al Concello, por el escaso interés que muestran por la cultura y los tesoros arqueológicos, «algunos únicos en el mundo», pese al potencial turístico que representan. El proyecto de recuperación del castro, al pie del faro, ha sido su única alegría en estas tres décadas. Aún recuerda las cuevas «y unos círculos líticos enormes, con rocas grabadas, destrozadas porque los dueños de las fincas se las vendieron a la empresa que construyó el puerto de Espasante», ante la pasividad de las autoridades.

Seis mil habitantes

Si algo debería reivindicar el pueblo de Bares es el Coído, sostiene Linares, que defiende el origen fenicio «o, cuando menos, anterior a los romanos, que lo habrían ampliado», del actual puerto. Antes de que se construyera, las embarcaciones se refugiaban al abrigo del castro de Vilela. «Toda la vida me ha gustado bucear y en aquellos fondos encontré molinos de piedra, piezas de más de dos mil años, cuya antigüedad ha sido avalada por arqueólogos», explica. Del paso de los romanos «no hay duda alguna», como evidencia el mosaico descubierto en los restos de la villae a mare, el yacimiento que empezó a excavarse hace dos décadas, pendiente desde entonces de una segunda fase.

Allí, en el entorno de la hoy conocida como Torre o Igrexa Vella, se concentraría la población (hasta 6.000 habitantes), lo más alejada posible de la fábrica de salazón, por el hedor. «El de Bares -cuenta en el libro- fue durante mil años un puerto de recalada inevitable para las sucesivas flotas mediterráneas que se dirigieron hacia las Islas Británicas y para las del norte, en sus viajes hacia el Mediterráneo». De ahí su importancia para la navegación. Este carácter estratégico -«aquí repostaban agua y víveres»- justificaría la existencia de un antiguo faro, cerca de donde se erige el actual, que data de 1850.

«Maciñeira ya habla de que debió haber un faro en Estaca de Bares, pero no encontró restos y nadie del pueblo lo recordaba, pero sí vio mucha cerámica quemada por su cara interna y no logró explicárselo», indica Linares. Aquellas piezas «se llenaban de aceite para quemarlo y producir así luz y humo, para orientar a los navegantes que se asomaban por el horizonte». Sostiene en el libro que un grupo de ocho legionarios romanos se ocuparían, de forma permanente, de atender la señal marítima. El hallazgo de una piedra de molino del primitivo faro corroboraría esta tesis.

El suculento guiso de farero

En los anexos del libro, Linares propone dos rutas por la zona y una sugerente receta, el guiso de farero, surgida «de veinte días en las Sisargas, con el peón, José, de Camariñas». Hartos de percebe (allí el farero tiene autorización para extraer un caldero diario), su compañero se ofreció a preparar un guiso de percebe, al estilo de su pueblo. «Me chupé los dedos», evoca. Tiempo después, «dándole vueltas», dio con la fórmula, mejorada, de este exquisito plato, «que sabe a marisco». 

«Por ti cruzaría el mar»

El autor tampoco se resiste a narrar su singular teoría sobre la herba de namorar -abundante en el entorno de Estaca de Bares-, que ha merecido incluso elogios de Xosé Luis Méndez Ferrín, que le ha dedicado un artículo. Mantiene que la Armeria maritima no se ha ganado el nombre por azar, «sino a base de demostrar durante miles de años que su presencia y utilización benefician enormemente las relaciones amorosas (...), por el mullido respaldo que ofrece a las parejas, propiciando el recostamiento y la relajación». Y sugiere, para multiplicar las propiedades enamoradoras de esta hierba, utilizar frases del tipo «por ti cruzaría el mar».

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