Isidro Silveira Cameselle

Andrés Vellón Graña
Andrés Vellón LA GÁRGOLA

FERROL

18 dic 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Ferrol, Galicia y, en general, el mundo del fútbol -y también el de la empresa- han recibido esta semana un varapalo con la muerte de Isidro Silveira Cameselle. El presi del Racing. Y muchísimo más que eso. Su figura trascendía más allá de su gran pasión por el balompié y su alma verde. Las jornadas que han ido pasando después de su fallecimiento no han hecho más que reforzar lo que ya se sabía. Una cascada de buenos recuerdos hacia un ser humano del que, antes que otra cosa, todo el mundo recordará precisamente como eso. Un ser humano. Un ejemplo de bonhomía. Isidro Silveira se ha marchado al mismo tiempo que ha entrado por la puerta grande en la historia de Ferrol. Una ciudad que ya echa de menos su presencia. Han sido muchas y muchos los que han hablado y escrito sobre Isidro. Voces que tenían un trato muy cercano con él. Personas muy autorizadas para destacar los valores que representaba. Sus ganas. Su empeño. Virtudes que se vieron reflejadas especialmente en su papel como emblema del Racing de Ferrol. Un club que, bajo su presidencia, ha vivido éxitos históricos y también fracasos. Pero siempre un club modélico y honrado, donde las personas priman sobre otras cuestiones. Poder decir eso a día de hoy, en un mundo tan apasionante y excéntrico como el futbolístico, son palabras mayores. Isidro Silveira Cameselle se ganó el afecto de muchísimas personas a lo largo de su trayectoria. Logró convertir A Malata en un punto de referencia dentro del mundo del fútbol. Consiguió que, cada semana, Ferrol se emocione con un balón. Y que se extendiese tanto y tanto la mítica pregunta: «¿Cómo quedó el Racing?». Gracias, presi. Descansa en paz.