Amigos gallegos de Lorca


Ferrol

Quedan pocas semanas para que finalice este año del ochenta aniversario del asesinato por fusilamiento de Federico García Lorca y de otros muchos miles de españoles. Un año de homenajes, congresos y publicaciones lorquianas, pero también un año más en el que no se ha podido (o no se ha querido) inhumar su cuerpo y los de quienes fueron enterrados junto a él. Finalizará 2016 y España seguirá figurando entre los países con más personas desaparecidas del mundo.

Los biógrafos y estudiosos de la figura de Lorca describen cada vez mejor el impacto que causó su obra en las letras castellanas. También se presentaron nuevos trabajos acerca de su única obra en gallego, los Seis Poemas Galegos; para autores como Luis Pérez un bagaje suficiente como para merecer el reconocimiento del Día das Letras Galegas. La admiración del poeta granadino por Rosalía de Castro, la lectura siendo un adolescente de la poesía galaicoportuguesa y su primer viaje a Galicia como estudiante a los 19 años, causaron en Lorca una profunda impresión que le acompañaría el resto de su vida. Años más tarde, ya en sus etapas viviendo en la Residencia de Estudiantes y después en Madrid, Federico García Lorca trabó amistad con el músico lucense Jesús Bal y Gay, con el capitán de aviación ferrolano Iglesias Brage (figura destacada en su tiempo con quién presentaba en actos públicos el proyecto de expedición al Amazonas, truncado por el comienzo de la guerra), con los diputados gallegos que frecuentaban el Café Regina, como Castelao, Suárez Picallo, Otero Pedrayo y Villar Ponte, a quienes visitaba habitualmente Ramón Cabanillas. En sus viajes a Galicia Lorca estuvo acompañado por Arturo Cuadrado, Fernando Barros y Carlos Martínez Barbeito, respaldado por el editor (y alcalde compostelano) Ángel Casal, mantuvo tertulia con Álvaro Cunqueiro, Manuel Colmeiro y Ánxel Fole y fue dibujado por Luis Seoane, Carlos Maside y Álvaro Cebreiro. Fueron muchos los admiradores gallegos de Lorca y muchas sus amistades. Algunas llegaron hasta su muerte y más allá, como sucedió con Eduardo Blanco Amor, auténtico valedor de su obra. Otros, como el caso del coruñés Serafín Ferro y del ferrolano Ernesto Guerra da Cal, tuvieron una especial relevancia por la segura influencia en la escritura de sus poemas gallegos. Se afirma ya que Ferro cantó a Lorca el Madrigal á cibdá de Santiago y que Guerra da Cal fue el inspirador de los restantes poemas: Romaxe de nosa Señora da Barca, Cántiga do neno da tenda, Noiturno do adoescente morto, Canzón de cuna para Rosalía de Castro, morta, y Danza da lúa en Santiago. Seis Poemas Galegos editados por NÓS en Compostela el 27 de diciembre de 1935, hace una eternidad.

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