Sí a Galicia

Nona I. Vilariño MI BITÁCORA

FERROL

Se consume el plazo para investir a un nuevo gobierno. Y no hay datos fehacientes de un pacto que ponga fin a la interinidad política. Pero no quiero hablar de algo que, en mi caso e intuyo que en el de millones de españoles, empieza a ser insoportable: el espectáculo en el que se ha convertido la política tras mudar la democracia -sin adjetivos innecesarios- en «video democracia», como la define Sartori. En la que se busca, sobre todo, el impacto en los medios de comunicación. Me daré y les daré un respiro. Y hablaré de cosas del corazón. Pero, aclaro que, incluso en las más radicales concepciones racionalistas como la cartesiana, el corazón aporta mucho al desarrollo de la inteligencia. Y a esa dimensión afectiva voy a referirme para hablar de la impresión que me produjo la comparecencia del presidente de la Xunta al anunciar que pretende renovar su mandato. No me identifico con las personas que ponen una coraza a los sentimientos. Me gustan los ojos en humedad creciente cuando la emoción es inevitable; el calor de un apretón de manos que se prolonga para sentir la piel en la piel; el abrazo que permite acompasar el latido propio al del amigo. Y, sobre todo, me gustan los te quiero. Y por algo, o mucho de esto, me gustó nuestro presidente. Hubo, no solo, pero también, corazón en el mensaje. Y un te quiero rotundo a los gallegos, a Galicia.

Alberto Núñez Feijoo, el hombre, eligió la apuesta más arriesgada- y menos egoísta- de cuantas se le ofrecieron: entregarse sin reservas a la tarea de revalidar la confianza de los gallegos, sin pararse a cuantificar ni las dificultades para alcanzarlo ni las consecuencias personales de no recibirla. PD: Las razones del corazón humanizan la política.