El Café Dzine escribe un nuevo capítulo de la historia del viejo cine Avenida

Algo se percibe en el local de aquel espíritu de tolerancia que definió al Tolos, un pub que marcó época en San Sadurniño, de la mano del mismo empresario


De fondo suena Rod Stewart, en un disco de temas clásicos. Al entrar en el Café Dzine sorprenden la música y la luz, y enseguida la pizarra, con la carta de vinos que, al darle la vuelta, deja paso a la sugerente nómina de cócteles que propone cada noche José Luis Sanjurjo Sixto (San Sadurniño, 1955), dueño del local. Llama la atención el viejo proyector, el original del Avenida, el cine de San Sadurniño, que hoy se utiliza como almacén del bar. Y el escenario de madera, en la pared del lateral, con letras que casi alcanzan el techo: DZINE.

El actual café «era o bar do cine», al que José Luis recuerda haber ido de niño. «Era o único de aquí a Xubia e Ortigueira, facíanse os bailes de fin de ano, celebrábanse vodas...», cuenta. La sala permaneció abierta desde finales de los años 50 hasta el 65 y el bar siguió hasta comienzos de los 80. «Cerrou e puxérono á venta, o goberno municipal (entonces, del PSOE) intentou compralo. Daquela eu tiña outro local, o Tolos, que marcou época entre os 80 e os 90, e decidín mercalo. Quería ofrecerlle algo máis á xente, para que non cansaran», relata. En 1988 nació el Café Dzine -con restaurante, que solo duró dos años, tal vez porque «nin era axeitado aos tempos nin ao sitio»-, que funcionaba de seis de la tarde a dos de la madrugada, con dos o tres conciertos al mes. Hasta el año 2000, cuando sintió la necesidad de dejar atrás San Sadurniño.

José Luis regresó en 2013 -Dzine había estado en manos de sus sobrinos durante algún tiempo y el resto, sin actividad- y en noviembre lo reabrió, tras pulir la madera del suelo y retocar la decoración, aunque conserva buena parte del mobiliario anterior, el proyector (que rescataron sus sobrinos) y una vieja cafetera.

El Café Dzine abre todo el día, «como un local normal, pola mañá co café e os almorzos, o viño cos pinchos, os cócteles á noite...». Nada tiene que ver con el mítico Tolos: «Era un baixo dunha casa de campo, con marcha ata as tantas da madrugada; o 90 % da clientela viña de Ferrol e por alí pasaron varias xeracións. Todo o mundo se sentía coma se estivera na casa, con moita festa, sen porteiro, nada estrito, entrabas... e saías pola porta ou pola ventá», narra, con una pizca de añoranza.

Dzine «é outro concepto», aunque algo hay de aquel espíritu de tolerancia. «O ambiente vaise creando só, faino a xente». La aventura apenas ha echado a andar y a José Luis no le importaría interrumpirla «se vén alguén e lle interesa para facer algo». Pero aún tiene fuerzas: «Hai que deixar que vaia rulando».

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