«Longa vida ao Festival de Ortigueira»

Miles de «folkies» comparten el deseo expresado por Milladoiro sobre el escenario Alameda

Hay quien ayer hacía acopio de bebida para no quedar desabastecido durante el resto del festival.
Hay quien ayer hacía acopio de bebida para no quedar desabastecido durante el resto del festival.

ortigueira / la voz

Milladoiro regresó al origen y con ellos el Festival de Ortigueira, «referencia mundial da música celta», proclamaron desde el escenario. «Parabéns por estas 30 edicións, era impensable...». Algo de aquel espíritu inicial se recuperó la noche del viernes en Ortigueira, con niños y grandes saltando en los charcos que dejó el chubasco, intenso durante la actuación de la Banda de Gaitas de Ortigueira, muy aplaudida. De ahí surgió en 1978 el Festival, del que disfrutaron Noemí, ferrolana, Filipo, genovés, y Suso, de Meira. «Todo pola música».

«Bravo», gritaron Olaya, asturiana, y Ester, leonesa. «Es nuestra primera vez y nos encanta, no conocíamos a Milladoiro y están animando mucho». Varias generaciones dando palmas a un tiempo. Al pie del palco, los devotos, entregados al baile. Como Aurora y Cristina, vecinas de Barallobre (Fene) de 24 años. «Llevamos ya siete festivales, es lo mejor del año, por los conciertos y por la gente. Es un mundo aparte». Y por Bellón Maceiras (Quinteto), que abrió la última noche.

Blanca y Ana, de la Escola de Gaitas de Ortigueira (que anoche interpretó un par de temas junto a The Chieftains), bailaron una muiñeira en el escenario, y sus compañeras irlandesas danzaron los ritmos celtas de Milladoiro, «a irmandade». ¿Queda licor café?, pregunta Aitor, guipuzcoano, junto a dos veteranos del Festival, incansables, con el teleobjetivo siempre a punto. «Non hai ano sen algo de choiva, unha vez formouse unha piscina». La madrugada del sábado se cumplió el ritual, pero la fiesta no se detuvo. El humor del actor Carlos Blanco, presentador, ayudó.

En Morouzos el chaparrón aplacó algo los ánimos. Hasta que recaló la gran pandilla de A Fonsagrada. «Vimos os da montaña, somos os mellores», con Marisol al frente -«vin sete anos ininterrumpidos, despois parei tres pola maternidade e logo retomeino»-. Xiana, de año y medio, se ha quedado con su padre. «Chámannos os Chieftains». Como a Levi, estudiante, y Delia, funcionaria de Telefónica, madrileños: «Anoche (viernes) fue una pasada, nos encanta la música celta». A Mica, de Pontedeume, le va «el rollo comuna hippy y la playa, un puntazo», como a sus amigos Ernesto, Víctor, Miguel y Ángel, de Madrid. Estiman el gasto medio diario en 15 euros. Suspen, Canario, Juanjo y Miguel, Chopi, de Vilagarcía, se las arreglan con 10, «ou menos». En Morouzos conocieron a Alba, «nunha recua de xente de Caldas e Barro». Y en el pinar, sin ápice de contracultura, les robaron una mochila con ropa, un saco de dormir, unas gafas de sol y otras de ver. Sin rencor, pero maldita la gracia.

Algún ladronzuelo parece haberse colado en Morouzos. De que no entren «planchas de cocinar, hornillos de gas ni sustancias prohibidas» se ocupa el personal de la empresa monfortina Alcor Seguridad, que vigilan la entrada y registran los maleteros. Ochenta efectivos de Protección Civil controlan los accesos al centro urbano y a Laxás, solo disponibles para coches con pase. A la agrupación de Ortigueira se suman, desde hace años, medio centenar de voluntarios de los pueblos malagueños de Mollina, Ronda, Llunquera, Antequera, El Burgo, Olvera, Milladero o Corte de la Frontera. De este último provienen Cristina y Diana, encantadas «con echar una mano». Y de paso, tras 14 horas de autocar, «gozar de la paz y la tranquilidad», curiosamente cuando en Ortigueira se respira menos sosiego. Tal vez sea el fresquito. En Morouzos los folkies también buscan la calma. Sorprende ver a tantos jóvenes sin el móvil en la mano. Queda demostrado que «desconectar» de las redes sociales es posible.

Carlos, santiagués, no duda que volverá el año que viene. «Es súper recomendable, el ambiente, la música...». «Los bailes», apunta su amiga Daniela, colombiana. Solo lamentan que «la acampada no esté en el centro del pueblo». En las calles no cesa el trasiego de bolsas, los supermercados están atestados y la actividad hostelera se multiplica, «anque cada vez vén menos xente», constata una empresaria del sector. Miles de folkies comparten el deseo expresado por Milladoiro sobre el escenario. «Longa vida ao Festival de Ortigueira».

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