Cuando el Rey campechano visitó Ferrol

La ruptura del protocolo y las anécdotas fueron frecuentes en sus actos en la ciudad


ferrol / la voz

Siempre rodeado de un fuerte dispositivo de seguridad y guiado por un rígido protocolo... que con frecuencia se salta, forzando a la improvisación de sus escoltas y dejando un reguero de anécdotas. Las visitas del Rey a Ferrol -doce desde 1976- no fueron una excepción y en todas dejó la impronta de un carácter cercano que demostró entre compañeros suyos de promoción, habituales en las ceremonias castrenses, y también entre los desconocidos que tuvieron la ocasión de participar en los actos que presidió.

Como los trabajadores de Bazán que presenciaron, en diciembre del 2000, la llegada del autobús en donde viajaba el monarca con destino al muelle en donde estaba atracada la primera F-100. En medio del recorrido por la factoría, hizo frenar al chófer, se bajó del autocar y se puso a bromear con los operarios. En el taller de montaje del astillero, ya se había detenido, sin que estuviese previsto, con el presidente del comité, José Matesanz, y con el delegado de UGT, Pedro Carreira, con quienes charló un rato.

Tres años después, en una visita a la Esepa, el monarca rompió el tenso silencio existente cuando entró en un aula al preguntarles a los marineros si aprovechaban bien las clases y, más tarde, en un taller, aconsejó el manido «más vale maña que fuerza» a los que reparaban un motor.

En un acto en el Tercio Norte, en el cóctel posterior el Rey se explayó con los periodistas y ni siquiera eludió hablar de los cambios de leyes necesarios para que, en el futuro, su nieta Leonor fuese reina. Se mostró especialmente contento por contar, al fin, con un buque militar con su nombre. En un tono bromista, recordó que había tenido que esperar mucho para que se le dedicase un barco, y que, lógicamente, después de esa espera, no iba a ser pequeño. Tenía que ser, pues, un megabuque. De igual modo se había mostrado convencido de que sus nietas Leonor y Sofía también darían su nombre algún día a un buque de la Marina.

Su relación con Ferrol, por sus lazos tanto con la Armada como con los astilleros que fabrican sus barcos, fue siempre estrecha. «Ferrol es capital del mar e hija de la Ilustración; esta es una ciudad abierta, solidaria y siempre defensora de la libertad y la dignidad del mundo del trabajo», la calificó en el 2006.

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