El ansia de diversión se impuso a la lluvia en San Xiao do Trebo

Cientos de personas disfrutaron de la tradicional romería de Cariño


cariño / la voz

«¿A quién se le ocurre celebrar una romería en pleno invierno?», le preguntan a Nuria sus compañeras de trabajo, en A Coruña. «A los cariñeses», responde, orgullosa, con sus amigas Sara y Encarna. Aunque la llovizna, incesante hasta la tarde, lo caló todo en San Xiao do Trebo. «Sen choiva isto non sería o mesmo», se consolaban algunos, cargados de latas de cerveza y bolsas con víveres. Ataviados con botas de goma y chubasqueros, cientos de personas subieron andando desde Cariño. «Salimos a las diez y acabamos de llegar, a las dos menos cuarto... Lo mejor de la fiesta es la subida», comentaban Patricia y Joseba, mientras reponían fuerzas con la empanada que repartió la comisión de fiestas.

«Aquí se emborracha hasta la gente que no bebe», resume un devoto de la romería de San Xiao do Trebo, donde sonaron las gaitas de la banda Brisas do Croz y la música del dúo Chic, en la sesión vermú y por la tarde, para dar paso a la discoteca móvil Pegaso. «Hasta las 12 o la una no bajaremos al pueblo», planeaba otra pandilla. «A los de Cariño nos gusta mucho la fiesta». Sin duda. Algunos desempolvaron los viejos radiocasetes y sacaron los altavoces y los focos para iluminar las casetas, cubiertas con lonas, en medio de las fincas. En la parte baja del campo de la fiesta, la Peña do Chubasco conmemoró a lo grande su 42 aniversario. Unas 90 personas degustaron el cocido y la caldeirada de bacalao que prepararon los cocineros, desde primera hora de la mañana, para satisfacción de los comensales, de Cariño, Baracaldo, Madrid, Jaca, Palma de Mallorca o Burdeos. De la peña nació, hace justo 30 años, la Asociación de Amigos de San Xiao do Trebo, que no admite socias (sí las parejas de los socios) y que este año ha restaurado la campana de la ermita. El secretario, Javier Tomé, cuenta que iniciaron los preparativos de la romería el 7 de octubre y el viernes se juntaron para preparar el caldo limpio y, de paso, degustar el cordero de Burgos al chilindrón que él mismo guisó.

«Lo único que queremos es armonía, tranquilidad... tenemos hasta gaiteiros propios», apunta. El jolgorio anda cerca y los chavales apuran el calimocho y el baile, en medio del barro. «La bebida es lo más importante», dicen. A unos les ayuda a desinhibirse y a otros a entrar en calor, aunque si algo no falta en San Xiao do Trebo es gente con la que compartir risas y charla. «Aquí haces amigos». Y te reencuentras con otros, algunos que han viajado a propósito desde Madrid o Burela para cumplir con una tradición, «que se leva dentro, é inexplicable».

La Asociación de Amigos de San Xiao do Trebo festejó a lo grande su 30 aniversario

«Lo mejor de la fiesta es la subida, andando desde Cariño», dice una romera

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El ansia de diversión se impuso a la lluvia en San Xiao do Trebo