Estaca de Bares, referente europeo para el estudio de aves marinas

Por el cabo pasa el 80% de la población mundial de algunas especies


Mañón / La Voz

Los tres ornitólogos británicos que visitaron Estaca de Bares en 1954, los primeros de los que se tiene referencia en esta costa, observaron el paso de seis mil negrones en solo dos horas. La presencia de aficionados y estudiosos de las aves en este punto del litoral cantábrico se intensificó desde mediados de los 80. El coruñés Antonio Sandoval, ornitólogo, comunicador ambiental y escritor, acudió por primera vez en 1984 y desde hace ya tiempo traslada su residencia a la Vila de Bares durante seis meses al año, en vacaciones, puentes y fines de semana. Pertenece al grupo que tomó el testigo de aquellos primeros observadores, igual que el cariñés Ricardo Evia o Antonio Martínez, de O Barqueiro.

Prismáticos y telescopio constituyen las herramientas básicas de su labor, que consiste en «contar (e identificar) todas las aves que pasan... tantas que hay que acudir a estimas, en las horas de luz y por la noche». Por las inmediaciones del cabo de Estaca de Bares transita hasta el 80% de la población mundial de algunas especies de aves marinas. En el año 2008 calculan que pasaron 2.188.745 ejemplares hacia el oeste, solo en horas de luz. «Depende de los vientos locales y en origen, cuando deciden emigrar. Tienen sus rutas, algunas más mar adentro y otras siguiendo el litoral. El 2011 fue un año extraordinario», afirma.

Este experto, responsable de la firma Terranova, sostiene que «para estudiar el seguimiento y paso de aves marinas, Estaca de Bares es, probablemente, el mejor cabo de Europa; y sin duda está entre los tres mejores». De ahí la llegada creciente de ornitólogos británicos, franceses, irlandeses, daneses o alemanes. Este tipo de turismo gana peso, con notable repercusión en el sector hostelero local. Una jornada en el observatorio reporta «satisfacción estética y emocional, al ser testigo de un espectáculo tan bonito y misterioso como es la emigración; y a nivel científico permite obtener información sobre fenómenos naturales que puede ser útil a medio y largo plazo para analizar el impacto del cambio climático», explica Sandoval. Por esta autopista circulan algunas de las especies más amenazadas de Europa, como la pardela balear. En estos años ha caído el número de ejemplares de negrón común (pato siberiano) y han crecido otros, como la gaviota cabecinegra. El petrel de Madeira o Cabo Verde, muy rara hace un tiempo, se asoma cada año.

Un valor añadido de este cabo, constata este veterano, radica en «las rarezas» que se pueden avistar, como el albatros ojeroso, un rabijunco (especie tropical) observado hace un par de años, el piquero pardo o el págalo polar (procedente de la Antártida). Estos descubrimientos provocan «una alegría enorme». Los estudios efectuados por la firma Terranova, con colaboración de la Xunta, buscan la declaración de Estaca de Bares como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

«¿Para qué sirven las aves?»

Sandoval acaba de publicar ¿Para qué sirven las aves?, editado por Tundra Ediciones, a la venta en la web. «Mezcla literatura de viajes, ensayo de naturaleza y reflexiones personales, describiendo las distintas especies de aves y los espacios donde viven, de Estaca de Bares a Carnota», apunta. No faltan las historias de espías ni la crónica política, «un tipo de literatura poco cultivada aquí, pero con mucha tradición en el mundo anglosajón». Y una evidencia: la necesidad de conservar la naturaleza y las aves, «y lo que perdemos descuidándolas».

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