Una administración del casco histórico vendió treinta boletos, diez de ellos a unos abonados

La oficina número 9 de Ferrol está abonada desde hace años al 11833

R. P. P.
ferrol/LA VOZ.

«¡Mira qué suerte nos tocó!» Con el duelo que requiere la situación («Vengo de esparcir las cenizas de mi hermano, que falleció», indicó la lotera), Dolores Eizaguirre y Carlos Bonilla, propietarios de la administración número 9 de Ferrol, ubicada en la calle Rubalcava y a escasos metros del palacio consistorial, acudieron a la oficina a primera hora de la tarde para recibir al delegado de Loterías y Apuestas del Estado y colgar en la cristalera la noticia: «Vendido aquí, el 11833». Sí, el segundo premio del sorteo del Niño volvió a salpicar de fortuna a la urbe naval, después de que el 6 de enero del 2007, un total de 170 agraciados amaneciesen con un buen pellizco bajo el brazo. El que les dejó el primer premio en el barrio de O Inferniño, con una suma que alcanzó los 34 millones de euros.

El de ayer no fue un día tan prolífico como hace cuatro años, pero los treinta décimos (que suman 3 millones de euros) que se despacharon en Bonilla, como se le conoce en Ferrol, se vendieron como churros. Y eso, explicaba Dolores, que «el número mira que es feo, pero se nos escapó bastante».

Una decena de ellos, comenta la lotera, pertenecen a abonados. Diez vecinos de la ciudad que se llevan cada semana ese número «desde hace muchos años». El resto «se vendió todo en ventanilla». En su mayoría, a vecinos del casco histórico y aledaños.

Eso sí, los loteros también se quedaron con uno. Y eso supone que Dolores y Carlos podrán cobrar los 100.020 euros al boleto del segundo premio. «Un buen remate», indica ella, ya que «este año queremos jubilarnos». Pues la de Bonilla es una oficina que despacha billetes de lotería desde el año 1968. «La abrió Carlos cuando estaba soltero y al año ya nos casamos», indica su esposa. En 1998 repartió un tercer premio del sorteo de Navidad. Y desde hace años están abonados al 11833 porque, añade Dolores, «una señora que venía de Cádiz nos dijo que por qué no se lo pedíamos, que ya lo jugaba allí». Después apareció otro vecino «que lo compraba cada año en A Coruña». Y así fue sumando adeptos.

Pese a todo, ayer no era un día para celebraciones en la familia Bonilla y la persiana de la administración número 9 de Ferrol permaneció cerrada todo el día, a excepción de los escasos veinte minutos en los que la pareja apenas saludó a un par de transeúntes que, a pesar de no haber recibido premio alguno, no paraban de repetir: «Nos alegramos de que os haya tocado a vosotros».

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