«Escribir es un oficio más, como el que hace pan o es zapatero»

Aunque reside en Madrid, la novelista y editora regresa a Ferrol cuando se ?le pone a tiro: «Puede que no viva aquí, pero esta será siempre mi ciudad»


Mercedes Castro (Ferrol, 1972) ha editado a autores como Boris Izaguirre, Fernando Fernán Gómez o Lucía Etxebarría. Está más que acostumbrada a asistir a fiestas literarias de alto copete. Y hasta se ha codeado con escritores de la talla de Ken Follet en la Feria del Libro de Madrid. Sin embargo, a esta mujer habladora, simpática y terriblemente irónica el éxito no se le ha subido a la cabeza. «¡Es que eso sería como traicionar a mis lectores! ¿Qué pensarían de mí si de la noche a la mañana me convierto en la reina del mambo? El escritor tiene que ser humilde, mantener los pies en la tierra, y sobre todo, no perder nunca el contacto con la gente, porque si no no resulta creíble», explica mientras saborea un café.

Sin tiempo para la pausa, la novelista insiste en su discurso. Y vuelve a la carga: «Para mí, escribir es un oficio más, como el que hace pan o es zapatero. La gente nos mira como si fuésemos especiales, pero no es así; lo que sí me resulta increíble, en cambio, es que haya personas que compren un libro para ver lo que escribo yo. Que me pidan que les firme una obra porque les interesa y no solo porque conocen a mis padres o a algún familiar», anota entre risas y con naturalidad.

La cita con Mercedes transcurre en la cafetería del Hotel Almirante, a muy pocos metros del instituto Concepción Arenal, el rincón elegido por la escritora para participar en esta sección. Cuenta que se ha quedado con el mítico Masculino porque le trae muy buenos recuerdos de la adolescencia, y también porque allí se encontró con dos profesores -«Bernardo Maiz y Ángeles Seoane»- que le ayudaron a elegir su camino, como también lo hizo Rosa, la maestra que tuvo a los 9 años en el colegio Belén.

Además de esas tres personas, Castro cree que en su precoz vocación literaria también influyeron sus padres, abuelos y tíos -«todos ellos unos maravillosos narradores orales»- y la frágil salud de su infancia. «Yo era una niña muy enfermiza, y como cada dos por tres me tenía que quedar en casa, se me dio por leer. Siempre estaba en la cama, con algún libro en la mano».

Tan prematuro fue su amor por las letras que a los tres años aprendió a leer y, a los nueve, ya escribía poemas. Sin embargo, cuando le tocó elegir carrera, optó por marcharse a Madrid para estudiar Derecho. Pero nunca ejerció. «Nada más acabar, encontré trabajo como correctora de textos en una editorial jurídica y desde entonces ya siempre trabajé como editora», recuerda echando la vista atrás.

Madrid se convirtió entonces en su hogar. Allí tiene a su marido y a su hija Clara. Y también allí saborea el éxito que le han dado sus dos novelas: Y punto , publicada hace ahora dos años, y Mantis , que está recién salida del horno editorial de Alfaguara.

Sin embargo, Mercedes no se olvida de sus orígenes. «Puede que viva en Madrid, pero esta siempre será mi ciudad», dice sonriente. Y al preguntarle por sus paisanos, la escritora rompe con el tópico. «Eso de que los ferrolanos tiran piedras contra su tejado y son conformistas no es verdad. Al revés, yo creo que Ferrol es un pueblo de supervivientes, de gente luchadora y dura de pelar».

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