Un colegio desbordado de paciencia

La tercera inundación en el Couceiro Freijomil indigna a la comunidad escolar y los padres estudian medidas de presión para que se subsanen las deficiencias


La lluvia volvió a caer sobre Pontedeume. Pero ayer hubo suerte y las precipitaciones no coincidieron con la pleamar, lo que evitó una nueva inundación como la que el martes anegó de aguas fecales el colegio Couceiro Freijomil. Una desinfección de emergencia ordenada por el Concello permitió a un centenar de niños regresar ayer a las aulas donde no pudieron entrar el día anterior.

Pero de momento la comunidad escolar vive a expensas de lo que decida el azar mientras no llega una solución técnica que se considera compleja y se prevé todavía lejana. Al mismo tiempo que se encharcaban pasillos y aulas se desbordaba la paciencia de padres, profesores, dirección y vecinos. Sobre todo, por la reincidencia de un problema que se detectó hace un año y que todavía no se ha solventado.

El origen está en el exceso de agua que debe canalizar un único emisario al que van a parar aguas pluviales, fecales y las fluviales del cauce de un pequeño río que bajaba por donde hoy se encuentra el colegio. Cuando se colapsa -en cuanto llueve un poco y coincide con la marea alta- el agua busca salida y lo hace por los tubos, de mayor sección y capacidad del recinto escolar. La situación la empeora un más que dudoso emplazamiento del colegio, al pie del muelle y por debajo del nivel del agua del mar.

Medida de emergencia

La Xunta aseguraba el martes que se instalarían «de inmediato» unas válvulas antirretorno que impedirían el retroceso del agua y solventarían, al menos temporalmente, el problema. Pero ayer nadie de la administración autonómica pisó el centro. «Aquí non veu ninguén e penso que era o mínimo», criticaba ayer la representante de los padres, Cristina Pérez Pedrós. «Non é unha goteira. Son augas fecais, é un problema o bastante importante como para que alguén se preocupe», añadió.

Lo hace ya la APA que preside, que estudia posibles movilizaciones en forma de concentraciones o negándose a llevar a los niños al colegio para exigir que se subsane esta y otras deficiencias. «Non se pode estar pendente do día que fai pola mañá para saber se podemos levar aos nosos fillos ao colexio», explica.

Idéntico argumento emplea Andrés Nidáguila, presidente de la Asociación de Vecinos A Vila del centro de Pontedeume y ex responsable de la APA. «No es de recibo que los niños estén pendientes de si hay bajamar, pleamar o mediamar», denuncia. Los daños derivados de las inundaciones son, a su juicio, una muestra de un nulo control del erario público. «Se han gastado unos tres millones de euros en un colegio nuevo que tuvo problemas desde el principio. ¿Cómo va a estar dentro de diez años?», se pregunta.

Ni él ni el colegio culpan al gobierno local, conscientes de su preocupación por la cuestión. El alcalde, Gabriel Torrente, asegura que su equipo ya había avisado de los problemas que podía sufrir el centro durante su construcción. «No nos dejaron meter baza, lo hicieron a espaldas del Concello. Cambiaron el curso del cauce y lo conectaron al alcantarillado sin notificarlo al Ayuntamiento», asegura.

El concejal de Educación eumés, Javier Crespo, confía en que las medidas de emergencia solventen provisionalmente la situación, que debería quedar definitivamente solucionada cuando la obra de la remodelación de la fachada marítima de Pontedeume incluya redes separativas de aguas pluviales y fecales. Si se cumplen los plazos, eso será en septiembre del próximo año.

Mientras tanto, profesores y padres siguen mirando cada mañana al mar, al cielo... y a la previsión de Meteogalicia.

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