Aulas anegadas en aguas fecales en Pontedeume


La ecuación lluvias más pleamar más obras tiene en Pontedeume una equivalencia segura: el anegamiento por aguas fecales del colegio Couceiro Freijomil. El centro, de nueva construcción y situado a pie de muelle, sumó ayer su tercera inundación desde que en la primavera del 2008 comenzó a acoger clases. Y es la segunda en solo quince días. Ayer, más de un centenar de pequeños de educación infantil se quedaron sin clase. Sus aulas son de las más afectadas por los desbordamientos, al estar situadas en la planta baja y al incluir en cada una de ellas su propio aseo. La dirección del centro no quiso correr riesgos. «Me niego a que los niños estén en el aula en esas condiciones de insalubridad», argumentaba la directora, Natalia Ucha. «No puede ser que estemos extremando las precauciones contra la gripe A y que los niños se tengan que sentar encima de aguas fecales», señalaba indignada.

Cada vez que rebosan váteres, alcantarillas y registros en el Couceiro Freijomil se desborda el enfado de la comunidad escolar de un centro de nueva construcción entregado hace poco más de un mes. «En cuanto caen cuatro gotas el agua sale por todo cuanto orificio hay. Y sale de todo: fluviales, fecales...», describe la directora. Cuenta que desde la última inundación asoman cucarachas por los retretes.

Un paseo por el centro sirve para hacer recuento de los desperfectos: puertas, marcos y muebles de madera abombados, colchonetas y material de deporte inservible en un gimnasio que todavía no han podido estrenar, juegos infantiles que se pudrirán, suelos especiales que deberán ser cambiados... Ayer a media mañana persistían en el ambiente los restos del pestilente olor. Por la tarde, una empresa de desinfección intentaba dejar el colegio a punto.

«Alguén terá que dar explicacións», reclamaba la presidenta de la asociación de padres, Cristina Pérez Pedrós. La pasada semana, la entidad remitía a Educación 150 firmas exigiendo una solución que representantes de la Xunta prometían al día siguiente de la primera inundación. No les ha dado tiempo a cumplir su palabra. La coincidencia de la marea alta con las primeras lluvias del otoño y las deficiencias en el diseño del centro, con el suelo por debajo del nivel del agua en pleamar, han hecho el resto.

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