«Me planteé viajar a Chernóbil como un Camino de Santiago»

Volverá al lugar del peor desastre nuclear de la historia en octubre como una forma de agradecer el sacrificio de las miles de personas que ayudaron a combatirlo


César Toimil Rodríguez tenía 18 años cuando en 1986 estalló el reactor número cuatro de la central atómica de Chernóbil, en Ucrania. Toimil es fotoperiodista de la edición de La Voz de Galicia de Ferrol. En mayo visitó la central y la ciudad fantasma de Prypiat, evacuada para siempre tras el desastre. Volverá en octubre para entrevistar a más supervivientes. Su intención es plasmarlo todo en un libro.

-¿Por qué Chernóbil?

-Por agradecimiento. Lei mucho sobre toda la gente que contribuyó a minimizar el desastre. Murieron a miles, pero sin ellos Europa habría sufrido mucho más. La gente hace el Camino de Santiago para pedir o para agradecer algo, yo me lo planteo un poco así. Por eso fui en tren atravesando Europa, y no en un avión.

-¿No les extrañó que se plantase allí alguien de Ferrol?

-De toda Europa, somos los más alejados de Chernóbil. Tuve que preparar el viaje durante un año con bastantes dificultades. Pero a ellos les gustó que fuese alguien de tan lejos.

-¿Qué le sorprendió más?

-Lo más sorprendente, aparte de la central, claro, fue Prypiat. Es una ciudad fantasma, abandonada en un momento. Y me sorprendió la tranquilidad y el poco valor que dan los liquidadores [el personal que movilizó la URSS para controlar la emergencia] a lo que hicieron. «Solo cumplí con mi obligación, no sabíamos a qué nos enfrentábamos ni cómo, solo que si no lo hacíamos la catástrofe sería mucho peor», me dijeron. Esa frialdad me llamó la atención, creo que en otro país la gente hubiese reaccionado de otra manera.

-¿Por qué hay tan poca información sobre Chernóbil?

-Es un tema incómodo, porque los efectos de la radiación sobre el cuerpo aún son bastante desconocidos. Es muy difícil saber cuántos afectados hay, quizá sea incalculable. Además, todo se llevó en secreto desde el principio. Kiev está solo a 200 kilómetros, pero no la evacuaron. Incluso Gorbachov ha dicho que no le informaban de lo que estaba pasando. Quizá sea una forma de quedar bien, pero puede ser que hasta a él le contasen milongas. El accidente fue decisivo para el fin de la Unión Soviética, y para concienciar al mundo del peligro nuclear.

-¿No temió contaminarse?

-Miedo siempre tienes, por eso intentas ser prudente. La central está rodeada de un perímetro de 30 kilómetros con acceso restringido y otro de diez al que no se puede pasar. Estuve en los dos, al lado de la central. Pero no quiero salir de héroe, fui asesorado por gente que sabe perfectamente qué hay que hacer.

-¿Qué hay allí diferente?, porque la radiación no se ve, no huele, no emite ruido...

-El silencio. En Prypiat hay un silencio increíble que no experimentas en ningún otro lugar. Es difícil de describir, porque si no sabes nada supongo que puede parecer hasta aburrido, pero si conoces la historia... el factor emocional es muy fuerte.

-¿Lo dice en el plano religioso?, porque una fuerza tan grande y desconocida...

-Quizá haya gente que lo vea como algo místico, pero a mí no me provocó nada de eso, solo me dio pavor. La energía atómica es aún muy desconocida y no la podemos dominar. Supongo que eso es lo que tiene de mágico. En la Biblia, San Juan llama Ajenjo a uno de los ángeles exterminadores. Chernóbil significa ajenjo. Está claro que es una casualidad y personalmente no creo nada de eso. Creo en los científicos, en la tecnología... pero sí que resulta un poco inquietante. Mucha gente de allí que es creyente lo sabe y lo tiene presente.

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