Una cena aguada por supuestos piratas somalíes

Julio y María, un matrimonio de Ferrolterra, fueron testigos de un intento de abordaje en el golfo de Adén.


Ferrol

«A ver si no os tenemos que rescatar cuando paséis por Somalia», bromeaban los familiares de Julio y María Varela, un matrimonio de Ferrolterra que embarcó el pasado 14 de febrero en un crucero para dar la vuelta al mundo. La broma rondó por sus cabezas en forma de amenaza poco tiempo después. Tres semanas luego de embarcar en Dover (Inglaterra), su barco, el crucero Balmoral propiedad de la compañía holandesa Fred Olsen, navegaba en una zona «caliente» del cuerno de Somalia, susceptible de los temidos ataques piratas, que ascienden a nueve reconocidos solo en lo que va de mes.

El día tres de marzo amaneció torcido. A las siete de la mañana, una planeadora merodeaba a escasos metros del barco «de manera sospechosa», explica Julio. Una maniobra del capitán «despistó» a los supuestos bucaneros africanos, que pusieron rumbo a la costa de Somalia. «¡Menuda aventura!» Pero el asedio no hacia más que comenzar.

El Balmoral transporta a unos 1.300 pasajeros, cuya media de edad ronda los setenta años, y que durante tres meses y medio recorrerán el globo a bordo. Singapur, Alaska, México, las Azores, un viaje que les vino al pelo a Julio y María, ambos ya jubilados de su puesto como funcionarios en Inglaterra. «El 90% son británicos y el resto alemanes y holandeses». El idioma no es un problema para ellos: Julio trabajó durante 30 años como intérprete para Scoland Yard y María es inglesa. Ahora, su vida discurre entre su casa de Fene y la de Londres.

Ocho menos cuarto de la tarde. Hora de la cena. Una orden del capitán hace saltar las alarmas. «Todos rápidamente a la zona de seguridad del barco». Otra embarcación «sospechosa, posiblemente pirata» los perseguía a unos 400 metros de distancia. «Un pánico controlado invadió las escaleras y los pasillos». Julio explica en una conversación telefónica con lavoz.es desde su camarote, que fue entonces cuando el capitán les ordenó que se agarrasen «unos a los otros» porque iba a realizar una maniobra en zigzag para sortear la planeadora. «Se oyeron disparos». La tensión crecía entre los pasajeros, que permanecían sentados en los puentes 6º y 3º a la espera que finalizase la táctica disuasoria. Ellos mismos auxiliaron a una mujer holandesa «que tenía dificultad con la respiración».

El capitán les informaba «constantemente» por megafonía de cuál era la situación. Bengalas y llamada de auxilio. Dos fragatas, una de la británica Royal Navy y otra estadounidense que patrullaban en la zona acudieron en ayuda del Balmoral. Casi una hora después, «consiguieron que la lancha se alejara de nuestro barco», asegura Julio.

Al día siguiente, el supuesto ataque trascendió en varios medios británicos como The Sun, que calificó el suceso de «ataque pirata aterrador». Sin embargo, la propia compañía Fred Olsen hizo público un comunicado en el que aseguraba que el buque «nunca sufrió un ataque» y que tampoco había «signos visuales» de que los ocupantes de la lancha que rondaban el buque estuviesen armados.

Ataque en toda regla o no, lo cierto es que la tripulación del crucero entregó un diploma a los pasajeros por su valentía durante el incidente, y María, esposa de Julio, captó con su cámara de vídeo, mientras los nervios no se lo impidieron, el acercamiento de los ocupantes de la embarcación sospechosa y que, a tenor de las imágenes, dista mucho de las características de una lancha de pesca (una de las justificaciones que recibieron los pasajeros).

Julio y María continúan en el Balmoral, ahora en aguas estadounidenses. Esto, dicen, no ha sido más que «una pequeña aventura».

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