La parroquia de Vilaboa ya sólo tiene una iglesia

FERROL

El moderno templo de Valdoviño abrirá paso ahora a un nuevo campo de fiestas

02 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Durante las últimas décadas Vilaboa, parroquia del interior de Valdoviño, contó con dos iglesias, a escasos metros una de otra. Desde hace unas semanas, sólo sobrevive una de ellas, la más antigua, que data del siglo XVIII y que está rehabilitada. El otro templo, más reciente pero en desuso desde hace treinta años, ya es historia. La cooperativa de la localidad financió los trabajos de derribo, que concluirán de forma definitiva dentro de un mes.

¿Por qué Vilaboa llegó a tener dos templos? Para entender esta historia hay que remontarse a muchos años atrás. El cura que en aquellos momentos estaba al frente de la parroquia de San Vicente concluyó que la iglesia de toda la vida (la que hoy sigue funcionando a las mil maravillas una vez restaurada) estaba vieja, y que lo mejor era construir una nueva a sólo unos metros de ésta.

Su sucesora poco tenía que ver con la original. De la innovadora mente del arquitecto que asumió la obra salió un templo modernista desde el punto de vista estético; pero que resultó ser nada funcional (sobre todo con la meteorología gallega). José Ameneiro, gerente de la cooperativa, recuerda que «llovía dentro de la iglesia. Tenían que ir antes de la misa a fregar los pasillos para que pudiese entrar la gente».

Poco a poco, los feligreses y un nuevo párroco concluyeron ahora que lo mejor era recuperar el templo original. Con la ayuda de la cooperativa de San Vicente de Vilaboa, la iglesia fue sometida a un proceso de restauración, que a la vista del buen aspecto que luce en la actualidad, se desarrolló perfectamente.

Almacén

Aquella iglesia grisácea, levantada en bloques de hormigón, con figuras geométricas en la fachada, resultó ser demasiado moderna para los tiempos, y cayó en el olvido.

Durante casi treinta años permaneció abandonada. Ameneiro explica que la cooperativa la aprovechaba como almacén y como garaje para guardar la motobomba: «Ahora tenemos una nave nueva aquí al lado en la que metemos todo el material contraincendios, así que ahora ya ni esa función cumplía».

Con el paso de los años, el deterioro del templo iba en aumento: cristales rotos, humedad, maleza... además del impacto estético que provocaba que, a ojos de los vecinos, sólo contribuía a ensalzar el feísmo.

Descatalogación

Ante el sentir general de los ciudadanos de la parroquia, que abogaban por el derribo de las instalaciones, el Concello dio el primer paso aprobando la descatalogación del templo como construcción de interés arquitectónico. Luego, la Iglesia, que es la propietaria del inmueble y de los terrenos, dio luz verde a la demolición.

La cooperativa del lugar acordó asumir la gestión de los trabajos, que tuvieron un coste aproximado de 38.000 euros. Las obras de derribo arrancaron a mediados del pasado mes de julio. Ayer aún estaban trabajando las palas excavadoras en el lugar, pero del templo de la discordia ya no queda nada de nada.

En el solar, ya completamente despejado, sólo se mantiene en pie un antiguo palco de la música, que se mantendrá en el lugar. Y es que, tal y como afirmaron desde la entidad promotora de las obras, la zona será convertida en campo de la fiesta. De hecho, un vecino del lugar comenta que, tradicionalmente, las celebraciones de la localidad tienen lugar ahí.

Ahora, a los operarios que realizan los trabajos les queda acondicionar el firme del terreno, que se convertirá en un área de esparcimiento. «Habrá una zona de césped y otra de cemento, para que funcione como aparcamiento», señaló José Ameneiro. También se estudia plantar unas tuyas a los lados y colocar unos bancos de madera.

No se adecuará un parque infantil. Este proyecto lo tienen en mente los dirigentes de la cooperativa de San Vicente para una parcela, de la que es propietaria, que está situada al lado del campo de fútbol. Aún tienen esta actuación en estudio, ya que ahora la prioridad es instalar un ascensor, para que las personas mayores puedan llegar a las oficinas, ubicadas en el segundo piso, sin cansarse.

Dentro de poco, Vilaboa celebrará un festival de muiñeiras en su nuevo espacio. Entre el antes y el después no hay color.