CARRETERA Y MANTA | O |

11 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

EL RITMO con el que opera la Administración pública resulta, en algunas ocasiones, cansino hasta el hartazgo. Un último ejemplo es el de la concentración parcelaria, el proceso de reorganización de las propiedades rurales destinado a desterrar el minifundismo característico de Galicia. En lo que respecta a Ferrol, la Xunta ha anunciado que el próximo año se habrá terminado un proceso abierto... ¡en 1980! Veinticinco años después, tras un barullo burocrático de proporciones gigantescas, con alegaciones, respuestas, redacción de bases rectoras del proceso, cambios de titularidad y la madre del cordero, pues eso, que veinticinco años después se avista el fin del proceso. Claro que hay demoras y demoras. Unas se deben a la necesaria garantía del rigor y de la defensa de los derechos de los cuidadanos; otras, a la simple desidia. Habrá que ver en qué paquete incluimos esta reconversión campestre, pero en otras cuestiones no tenemos dudas. Digamos, por ejemplo, la autopista, que llegó a estos lares años y años después que al resto de las ciudades atlánticas, y eso porque ahí se estampó un barco contra el puente de As Pías; quién sabe si, de no haber sido así, este proyecto habría caído abandonado en el olvido hasta el siglo XXIII... Y con estas tablas que tiene el personal en cuestión de demoras, aún hay algún incauto que pretende convencer a los parroquianos de que tendrán tren de alta velocidad en el año 2007. En fin. Quizá se refieran al 2007 de la próxima era glaciar.