Crónica | Una música inmortal La tradición de la Noche de las Pepitas, con más de un siglo de historia a sus espaldas, mantiene vivo en el Ferrol del siglo XXI el siempre entrañable espíritu de las rondallas
18 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?o decía un día Manolo Rivas -un día de verano que aún era casi primavera- en el Cantón de Molins: «Ferrol, entre todas as cidades galegas, é a que mellor fai os barcos... e a que mellor sabe cantar». Y aquella frase suya, que alguien recordaba ayer mientras se celebraba la Fiesta de las Pepitas, tiene ahora una significación muy especial. A las ciudades, como vino a decir Siro López en el pregón pronunciado en el salón de recepciones del Concello, no sólo las dibujan los grandes acontecimientos, sino sobre todo las cosas que comparten quienes las hacen posibles: las gentes que las habitan, que son quienes las usan no sólo para pasar por ellas, sino para vivir. Trovador Mayor Los actos del palacio municipal, con los que ahora ya es también tradición que comience el día de las Pepitas, reunieron, en torno al alcalde y a los grupos políticos con representación en el Concello, a cuantos no quisieron perderse la ocasión de rendir homenaje a las madrinas de las rondallas. A las madrinas, y a los rondallistas históricos que ayer recibían el reconocimiento de Ferrol: de esta ciudad a la que ellos también cambiaron de color, con su música, aunque fuese (y no es poco) una noche al año. Allí se recordó al letrista Juan Saavedra, autor de canciones como Preludio de Amor , nombrado Trovador Mayor de Ferrol en 1988 y fallecido en 1995. Su galardón póstumo lo recogió su hija, que en un breve pero precioso discurso agradeció haber podido comprobar «que la muerte no siempre es el olvido». Y allí recibieron además sus galardones Mariano Garrido, Argemino García, Emilio González y Raúl Pillado Lista. Cuando marchaba el sol Ya por la tarde, las rondallas (Bohemios, Añoranzas, Mugardesa, Sonidos del Alba, Club de Campo, Lucero del Alba, Trovadores y Tuna Universitaria) empezaron a recorrer la ciudad. Y al caer la noche comenzó, ante miles de personas, el festival de Amboage, ante el marqués de bronce. Las calles se llenaban de gente. La fiesta, a pesar de la hora, no había hecho más que empezar.