Débora Iglesias: «Galicia y California son zonas muy ricas pero muy vulnerables al cambio climático»

FAI GALICIA VERDE

La viguesa que en el 2008 obligó a la comunidad científica a replantearse sus predicciones al desmontar la teoría de que las algas contribuían a reducir el efecto invernadero, analiza en un libro los desafíos clave que enfrentan los océanos y la incidencia de las actividades humanas en los ecosistemas. La oceanógrafa alerta sobre la contaminación, identifica las grandes amenazas y llama la atención sobre esa sensación nociva de la capacidad de recuperación ilimitada del mar. «La situación es crítica», subraya sin tapujos

30 oct 2019 . Actualizado a las 11:27 h.

Será en enero, en menos de tres meses, cuando la viguesa Débora Iglesias se reincorpore a su cátedra en la Universidad de California, en Santa Bárbara (EE.UU), tras un año sabático durante el que la oceonógrafa se ha volcado en un libro de reciente publicación (The Future of Marine Life in a Changing Ocean -por ahora solo disponible en inglés y en Amazon-) en el que resume casi tres décadas de conocimiento sobre el medio marino, con sus amenazas, variaciones en la diversidad de los ecosistemas e incluso, un análisis del coste del cambio climático en la seguridad alimentaria. La gallega, que tras trabajar en proyectos de investigación en la NASA o en campañas oceanográficas por todo el mundo, saltó al primer plano científico en el 2008 al publicar en la revista Science un estudio que revelaba, en contra de los dogmas vigentes, que el fitoplancton no contribuía a anular las emisiones de CO2, busca ahora contribuir a explicar a la población la urgencia climática y de contaminación del medio marino. «El océano no tiene una inercia ilimitada», insiste. Desde Vigo, adonde pudo regresar estos meses, lanza un reto: «Mi sueño como viguesa y gallega es que la comunidad se convierta en pionera en la lucha contra el plástico».

-¿Cuáles son las grandes amenazas para el medio marino?

-Entre las principales está, sin duda, la contaminación. Estamos utilizando el mar como un basurero. Hay una idea extendida de que el océano tiene una inercia y capacidad de recuperación ilimitada, que puede aguantar y regenerarse, pero en algunos casos esto no es posible. Hay un ejemplo que siempre le pongo a mis alumnos de Estados Unidos y que tiene que ver con el pesticida DDT, muy tóxico y ahora ya prohibido, pero que en la década de los 70 se utilizaba con frecuencia en la agricultura. Cuando llueve, a pesar de que en California ello no sea muy frecuente, se vierte en el agua y el gran problema es que, como sucede con el plástico, no se elimina. Con las tormentas, puede entrar en la columna del agua.

Hay que ser conscientes de que todo acaba en el mar, como los vertidos farmacéuticos, y que eliminarlo es muy difícil. Es necesario también pensar en la contaminación que pueden conllevar las limpiezas de buques en mar abierto o en los vertidos de petróleo, como el que ocurrió hace cuatro años en California por la rotura de una tubería y que demostramos que aumentó la toxicidad de las algas en esa zona.