Cuando el plástico se infiltra en la naturaleza

La mayoría de los 407 millones de toneladas de polímeros que se producen al año acaban tirados

Campaña de recogida de plásticos en la naturaleza dentro del proyecto ciudadano Libera
Campaña de recogida de plásticos en la naturaleza dentro del proyecto ciudadano Libera

redacción / la voz

Una ballena muerta con 22 kilos de plástico en su estómago, tortugas y delfines moribundos después de haber ingerido ingentes cantidades de este material... Las imágenes impactantes de estos sucesos, cada vez más frecuentes, han calado en la opinión pública, que está empezando a tomar conciencia de los riesgos que supone el vertido indiscriminado de plásticos a los océanos, con consecuencias que aún están por determinar. Pero si la sensibilización sobre este aspecto va en aumento, aún no ocurre lo mismo con el efecto que la contaminación por este tipo de polímeros causa en el medio terrestre. O al menos así se revela en las campañas de recogida de residuos realizadas en la naturaleza en los dos últimos años dentro del proyecto Libera, impulsado por SEO/BirdLife en alianza con Ecoembes.

La colaboración ciudadana auspiciada dentro de este programa ha permitido recolectar e identificar 109.000 residuos esparcidos en la naturaleza y que muestran una gran presencia de plásticos abandonados. Colillas, toallitas húmedas, envoltorios, botellas y bolsas son los desperdicios más comunes. Y en todos ellos el plástico es el elemento común.

Estos datos también se recogen en el documento científico elaborado por los expertos de Libera denominado El impacto del abandono de plástico en la naturaleza a nivel mundial. ¿Cuál es el escenario que dibuja el informe? Desde que el plástico se inventó hace 150 años, con el enorme avance que supuso, se ha pasado de una producción de 2,3 millones de toneladas en 1950 a 407 millones en el 2015. Actualmente, el 57 % de todo este material que se genera a nivel mundial acaba abandonado, lo que supone un grave problema para el medio ambiente.

El estudio advierte que los primeros casos documentados de ingestión de plástico datan ya de 1966, cuando se encontraron 74 pollos de albatros de Laysan en un atolón del Pacífico Sin embargo, no existen demasiados trabajos sobre el impacto de los polímeros en los organismos terrestres. Es por ello que desde el proyecto Libera, junto con el CSIC, se inició el pasado año una investigación para evaluar las consecuencias de la denominada basuraleza en el agua, suelo y heces de animales en las Áreas Importantes para la Conservación de las Aves y la Biodiversidad.

Grillos contaminados

Lo que sí se demostró en un análisis realizado por el Instituto de Ciencias Marinas de Virginia (EE.UU) fue que los grillos de la especie Acheta domesticus y otros insectos terrestres pueden ingerir plásticos desechados en la naturaleza y, con ello, acumular polibromodifenil éteres (PBDE), unos compuestos químicos medioambientalmente persistentes que se usan como aditivos en los plásticos y que se consideran tóxicos. El mismo trabajo revela que los seres humanos también estamos expuestos a los PBDE, principalmente a través del polvo y de nuestra dieta.

Otros estudios recientes avalan la presencia de microplásticos en el cuerpo humano, aunque todavía no existe evidencia suficiente para determinar qué efectos puede tener. Lo que sí se sabe es que los plásticos contienen frecuentemente aditivos como pigmentos, estabilizadores UC e ignifugantes, con lo que se aumenta así la tipología de sustancias químicas a las que estamos expuestos. De hecho, el bisfenol A, sustancia utilizada en la producción de algunos tipos de este material, fue incluida en el 2017 en la lista de compuestos candidatos extremadamente preocupantes por parte de la Unión Europea, debido a sus efectos potencialmente tóxicos para la capacidad reproductora y que pueden suponer una alteración endocrina.

Si este es el escenario, la solución no solo pasa por un mayor control por parte de las autoridades, sino también por la concienciación ciudadana. Cualquier puede aportar su granito de arena para contribuir a contrarrestar a un problema global. ¿Cómo? Para empezar, basta con que cuando vayamos de excursión al monte evitemos tirar cualquier tipo de residuo. También es muy importante introducir hábitos sostenibles en nuestra vida cotidiana, como consumir de manera responsable, reducir, reutilizar y reciclar. Y todo vuelve a empezar con una separación adecuada en el hogar: los envases de plásticos, al contenedor amarillo.

Y tampoco está de más una participación activa, como la que ofrece el proyecto Libera. En sus dos primeras ediciones ha generado un movimiento social en el que han participado 28.000 ciudadanos y han colaborado 740 entidades en 703 puntos de trabajo. En total se han recogido 107 toneladas de basuraleza. En junio empezará una nueva campaña.

Miguel Muñoz, coordinador Programa Libera
Miguel Muñoz, coordinador Programa Libera

«Los estudios avalan la presencia de microplásticos en heces humanas»

Los plásticos que abandonas pueden acabar en cualquier lugar de la naturaleza. Por ejemplo, en tu cuerpo. Este es el mensaje de la campaña que lanzó recientemente el programa Libera para concienciar a la población sobre el problema. Miguel Muñoz, coordinador del proyecto, asegura que el lema tiene plenamente sentido.

 -¿Los plásticos abandonados en la naturaleza pueden acabar en nuestro organismo?

-Ya hay estudios científicos que avalan la presencia de microplásticos en heces humanas. Pero de lo que todavía no hay evidencias es de cuáles son los efectos que produce esta presencia.

-¿Pero qué efectos se apuntan?

-El problema puede venir de las sustancias que se añaden al plástico. Hace no mucho se descubrió que el bisfenol A, uno de sus componentes, presenta indicios de que puede provocar problemas hormonales. Es un disruptor endocrino que afecta al desarrollo hormonal. Pero tampoco hay evidencias científicas que demuestren 100 % su problemática.

-¿Son la gran amenaza para el medio ambiente?

-Yo creo que hay que diferenciar entre plásticos. Hay que saber separar y no demonizarlos en su conjunto, ya que nos sirven para muchas utilidades a nivel industrial, desde un avión en aeronáutica, en aplicaciones médicas, en componentes para el coche o en tuberías de PVC. En lo que sí tenemos que poner el foco y en generar conciencia es en los plásticos de un solo uso. No tiene ningún sentido fabricar plásticos para utilizarlos una sola vez y desecharlos. Contra eso es contra lo que tenemos que luchar, porque es lo que genera más problemas a nivel ambiental.

-¿Existen realmente las bolsas de plástico biodegradables?

-La palabra biodegradable, por definición, es todo aquello que es degradado por un ser vivo y transformado en componentes esenciales, pero tenemos que tener en cuenta en cuánto tiempo se produce eso. No porque sea biodegrable algo deja de ser perjudicial para el medio ambiente. El segundo problema que ha habido con esto es que se le llama biodegradables a cosas que no lo son, porque muchas de las bolsas de las que se habla son oxo-biodegradables, a las que se les añade un aditivo para que se fragmenten ante la incidencia de los rayos ultravioleta de una forma mucho más rápida. Pero así no se degrada, sino que lo que hace es generar microplásticos de una forma mucho más rápida.

-¿Somos conscientes del peligro que suponen las bolsas de un solo uso?

-Estamos dando pasos en este sentido y a darnos cuenta de que cuando tiramos un trozo de plástico en el campo no solo estamos ensuciando la naturaleza, sino que estamos contaminando.

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