Seis trucos para reducir el plástico en casa

Cambiar pequeños hábitos de consumo es la clave para que el montón de residuos plásticos que generamos en casa abulte un poco menos


Luchar contra el plástico es una batalla que a veces abruma. Miramos a nuestro alrededor y todo es plástico: plástico para coger la fruta en el supermercado, plástico para meter el paraguas mojado al entrar en un edificio, plástico para tomar una caña en un festival, plástico para revolver el azúcar del café... Plástico, plástico, plástico. Pero conseguir reducirlo en un porcentaje significativo no es tan difícil como parece si empezamos por decisiones pequeñas. Basta con fijarnos en nuestros hábitos de consumo, analizar nuestras costumbres y cambiar algunas de ellas para que el montón de plásticos que producimos año tras año abulte un poco menos. Estos son algunos trucos para comenzar esta pequeña gran revolución:

1. Compra a granel siempre que puedas

Cuando los plátanos vienen en envase de plástico, la carne en bandeja de poliespán, las berenjenas envueltas en film y las lechugas en bolsa, organizar la compra al llegar casa se convierte en pura gestión de residuos. Si a la provisión de productos frescos envasados se suman legumbres, galletas, pasta, yogures, refrescos o alimentos procesados, como los platos congelados o la pizza, la montaña de desperdicios que se genera cada vez que vamos al supermercado supera, en ocasiones, el volumen de los propios alimentos que compramos. Por eso, quizá, el mejor ejercicio, antes de ponerse manos a la obra a reducir el plástico en casa, es observar nuestros hábitos y tratar de darnos cuenta de lo que supone cada decisión de compra que tomamos. Cuando el ojo y el cerebro se acostumbran a este análisis es difícil que no se encienda una lucecita de alarma cada vez que tenemos entre manos, a punto de caer en nuestro carro de la compra, un producto con embalajes innecesarios.

¿Y cuáles lo son? Casi todos, porque buena parte de los alimentos pueden comprarse prescindiendo de ellos. Aunque la tendencia en las grandes cadenas haya sido en los últimos años la de embolsar y envasar cualquier producto como si hubiese que neutralizar un agente contagioso, en la actualidad resulta bastante sencillo comprar al menos parte de los alimentos que comemos a granel. La fruta y la verdura, como toda la vida, está disponible al peso y sin embalaje y cada vez son más los establecimientos generalistas que ofrecen también legumbres o frutos secos sin envasar. Si optamos por las cada vez más abundantes -y de moda- tiendas a granel, podremos encontrar muchos más artículos que nos permitirán reducir los plásticos: pasta, harinas, azúcar, infusiones, cereales, frutas deshidratadas, especias, arroces, cuscús, quinoa, galletas y hasta graneles líquidos, como tahini o crema de cacahuete, pueden comprarse al peso. Lo ideal: llevar nuestros propios envases o bolsas reutilizables y reducir así los desechos.

2. Stop a los alimentos en envases individuales

Sobreenvasar es una costumbre que se ha extendido en los últimos años en los supermercados y grandes superficies, mientras que los fabricantes de alimentos han optado por otra fórmula que multiplica los plásticos: los envases individuales. Son cómodos, mantienen frescos los alimentos, pero no son imprescindibles e incrementan de forma muy significativa los residuos. De hecho, con productos de cierta durabilidad, como las galletas, basta con conservarlas en tarros de cristal o acero inoxidable para mantenerlos frescos durante mucho tiempo.

Si pese a todo, optamos por productos en monodosis, deberíamos buscar envases de materiales sostenibles, como el papel o el cartón. ¿Un ejemplo? Los sobres de azúcar que, aunque tradicionalmente se fabrican en papel, han comenzado a emplear también el plástico, con su consiguiente coste medioambiental. Muchas empresas además han comenzado ya a hacer importantes inversiones en planes de ecodiseño para hacer los envases más ligeros (usando menos materia prima), de menor huella ambiental, reciclables al 100%, etc.

3. Pajitas, nunca más

Salvo prescripción facultativa o incapacidad física, no hay nada que haga imprescindible el uso de este artilugio, muy del gusto de los niños y de algunos bebedores de combinados y cócteles, mientras que su efecto sobre el medio ambiente es fatal. De hecho, la Unión Europea (UE) ha propuesto prohibir estos objetos, junto a otros de plástico de un solo uso, como los bastoncillos para los oídos o los cubiertos, para lograr reducir la producción de plásticos y la contaminación producida por los vertidos al medio ambiente. 

El problema, obviamente, no es del utensilio, sino del material con el que se fabrica, por eso las pajitas ya han comenzado a producirse con otros materiales sostenibles, como el cartón o reutilizables y duraderos, como el acero inoxidable. La pauta marcada por las autoridades europeas ya ha empezado a asumirse en cadenas de alimentación y productores. Algunos establecimientos han eliminado o prevén eliminar a medio plazo estos productos, que afectan de forma muy grave a los peces y las aves marinas, que ingieren este tipo de residuos en ríos y mares.

4. Di sí a las pinzas de madera y a los cepillos de bambú

Si tus pinzas de la ropa son de plástico, procura que te duren mucho tiempo (la idea es no generar más residuos y acabar con los productos de un solo uso), pero si necesitas comprar este artículo, elige las de toda la vida: las de madera.  

Menos vida útil que las pinzas, tienen los cepillos de dientes: se recomienda cambiarlos cada tres o cuatro meses, lo que, a lo largo de una vida, puede sumar unos 300 artículos por persona. Existen ya alternativas biodegradables para sustituir los cepillos convencionales de plástico, como los fabricados con bambú.Su coste económico es más alto que el de los tradicionales, pero se compensa con creces por su menor impacto mediambiental.

En cualquier caso, también tenemos la posibilidad de alargar la vida de los cepillos de plástico si los empleamos como útiles de limpieza para pequeños objetos, para las juntas de los azulejos o para zonas poco accesibles de grifos y desagües.

5. Pásate al táper de acero o de cristal

Como en el caso de las pinzas de plástico, si tus táper son de plástico, cuídalos y alarga su vida todo lo que puedas (aun así, ten cuidado de usarlos correctamente, sobre todo en el microondas y con altas temperaturas), pero si tienes que aumentar tu menaje de conservación o sustituir el que ya tienes, lo más sostenible es que optes por el vidrio o el acero inoxidable. El acero te garantizará que tendrás táper para toda la vida, mientras que el vidrio (que, como el aluminio, es reciclable una y otra vez sin que pierda sus propiedades) te aportará un plus en tu compromiso con el medio ambiente, porque para conservar algunos productos una solución perfecta es reutilizar los tarros de vidrio en lugar de tirarlos al contenedor. Un tarro de mermelada o de tomate puede ser el contenedor ideal para unos frutos secos o unas aceitunas y en un tarro de legumbres se conservará perfectamente el azúcar o la pasta. Si llevas tus propios recipientes cuando vas a hacer la compra y los usas para tus productos a granel, la generación de residuos será cero y tu comportamiento con el medio ambiente, diez. 

6. Atrévete con la cosmética sólida: champú, jabón y pasta dentífrica

Los productos sólidos de higiene y cosmética tienen una doble ventaja: no necesitan envases y duran más que los convencionales, por tanto, ahorran al medio ambiente tener que digerir más plásticos. El jabón, que en las últimas décadas se ha visto desplazado por los geles, es una opción ecológica clásica que apenas genera residuos y dura mucho más que un bote de gel. 

En los últimos tiempos se han comenzado a generalizar también la comercialización de champús que parecen pastillas de jabón (muchos de ellos con producciones naturales y ecológicas y con resultados óptimos en el cabello) que contribuyen también a la reducción de residuos. Una de las más veteranas es la británica Lush, fundada en 1995 y que produce y vende champús hechos a mano con productos naturales, pero el fenómeno se ha extendido con marcas como la andaluza Kia Ora, cuya producción es natural, libre de tóxicos y vegana.  El formato cosmético sólido también se utliza para la fabricación de perfumes, de acondicionadores y de pasta de dientes. 

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