¿Es posible una sociedad sin plástico?

La presión sobre el planeta supera los límites ambientales y obliga a buscar soluciones de futuro para las materias primas de origen fósil

Ballena construida en Brujas a base de plásticos procedentes de los océanos Pacífico y Atlántico
Ballena construida en Brujas a base de plásticos procedentes de los océanos Pacífico y Atlántico

El ser humano ha plastificado su vida. Y el planeta. La capa de polímeros que envuelve la Tierra se ha engrosado en las últimas cuatro décadas exponencialmente, hasta alcanzar una producción de 335 millones de toneladas anuales, según los últimos datos de la asociación de fabricantes PlasticsEurope. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) eleva esta cifra a más de 400 millones de toneladas y advierte que solo un 9 % de los desperdicios producidos son reciclados. A este ritmo -la demanda mundial creció un 4,7 % al año en el periodo 1990-2017-, en el 2050 habrá en torno a 12.000 millones toneladas de plástico en vertederos y en el medioambiente. Y en los océanos, más basura que peces.

El material del siglo XX

La extensa familia de los plásticos ha permitido -y se ha adueñado- del desarrollo tecnológico que ha catapultado otras áreas de conocimiento respecto a la sociedad de hace, no más, unos 60 años -la llamada Gran Aceleración- cuando también la producción mundial de polímeros se encontraba en fase incipiente. Pero hay que levantar el pie del acelerador. La frenada ya llega tarde. No solo porque la industria petroquímica, basada en materias fósiles, tiene fecha de caducidad, es decir, son recursos limitados, sino porque el planeta ya no puede más: según la ONU, el 79 % de la basura generada del plástico se encuentra en vertederos o tirada directamente en el medioambiente. Lo advierte también la organización medioambiental WWF en el informe Planeta Vivo: «La humanidad tiene el desafío ineludible de corregir el rumbo y de aprender a trabajar dentro de los límites ambientales de nuestro planeta y mantener y restaurar la resiliencia de los ecosistemas».

Ouzai, al sur de Beirut
Ouzai, al sur de Beirut

En cuanto al plástico, la pregunta ya no es solo si es posible una sociedad sin él. A día de hoy, la respuesta es obviamente no. La clave es qué materiales vendrán al rescate para sustituirlo. Porque el empleo de otras materias primas alternativas, ahora disponibles, en los casos que hipotéticamente fuese posible, ejercería una presión ambiental desmedida para abastecer la demanda mundial.

A corto plazo, la opción al plástico es su correcta gestión, que implica, como en otros sectores, la transición de una economía lineal -usar y tirar- a una circular, donde prima la reutilización y el reciclaje, porque los 9.000 millones de toneladas de plástico que ya hay actualmente esparcidos en el planeta, según las estimaciones de Naciones Unidas, son incompatibles con la sostenibilidad y el equilibrio biológico si no se tratan correctamente.

Reducir la producción conduce también a la senda de la innovación tecnológica, con planes como el trazado para las bolsas de plástico, que han pasado de ser un artículo gratuito en las superficies comerciales a cobrar por ellas y, en el horizonte del 2020, su composición deberá ser obligatoriamente con materiales compostables, orgánicos. Otros productos como bastoncillos, cubiertos, platos, pajitas, varillas para mezclar cócteles o los palos de plástico para globos seguirán el mismo camino.

No obstante, existen componentes plásticos para los que no hay, a día de hoy, circuitos de recogida y reciclaje. Están abocados a un vertedero, en el mejor de los casos. La Unión Europea hace hincapié en este tipo de plástico -por ejemplo, el de los juguetes- porque están hechos con polímeros que no se reciclan. Una de las soluciones aportadas es alargar su vida útil a través de la reparación y la reutilización. Pero queda mucho trecho por recorrer en cuanto a estos compuestos.

¿Cuánto se puede reducir?

Las directrices apuntan hacia la desaparición de los plásticos de un solo uso. A partir de ahí, los esfuerzos se encaminan a incrementar la tasa de reciclaje, especialmente en los envases. Si bien se ha avanzado en los últimos años, existen grandes diferencias entre países, incluso entre comunidades de un mismo territorio.

Las cifras también varían mucho dependiendo del tipo de plástico. El PET, del que están compuestas las botellas, dispone de sectores industriales de tratamiento muy desarrollados y la materia reciclada puede reutilizarse sin dificultad. Un sector que ha logrado avanzar mucho en reutilización de elementos plásticos es la automoción, según recoge la Asociación Española de Industriales de Plásticos, que consideran que se trata de un sector con cifras récord en cuanto al reciclaje de sus materiales.

En cambio, otros tipos de polímeros siguen siendo incinerados, porque su reciclaje resulta aún costoso o imposible.

El objetivo que persigue el Paquete de Economía Circular de la UE es que en el 2030 se recicle el 55 % de todos los envases domésticos , y que en el 2035 vaya cómo máximo el 10 % de los desperdicios al vertedero. Entidades como Ecoembes, la organización medioambiental de reciclaje de envases, son incluso más ambiciosos, ya que pretende llegar al 80 % de reciclado de envases domésticos en el 2020.

En el 2017, los gallegos depositaron una media de 10,5 kilogramos de envases en contenedores amarillos, además de 11,7 kilogramos de papel y cartón en el azul. Supone un dato positivo respecto a los últimos ejercicios, aunque por debajo de la media española, donde ya se ha conseguido que se recicle el 77,1 % (13,96 kilos por persona).

Precisamente para apuntalar el crecimiento del reciclaje en Galicia, las tres universidades gallegas trabajan en la elaboración de una estrategia de economía circular que esperan finalizar para finales de año. Al mismo tiempo que estudian un plan específico para la reducción de plásticos de un solo uso.

¿Enemigo o aliado?

«El plástico no es el problema, es lo que hacemos con él». Son palabras del director del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Eric Solheim, en la presentación del informe que analiza los programas existentes en 60 países para la reducción de la basura plástica. Según los expertos que redactaron el texto, las medidas más eficaces para hacer frente a este problema son la imposición de prohibiciones selectivas y la aplicación de impuestos, siempre que se planifiquen bien y se implementen efectivamente. Y, por supuesto, la concienciación ciudadana.

Ballena construida en Brujas a base de plásticos procedentes de los océanos Pacífico y Atlántico
Ballena construida en Brujas a base de plásticos procedentes de los océanos Pacífico y Atlántico

Para el director ejecutivo de PlasticsEurope, Karl-H. Foerster, «una sociedad sin plásticos es impensable porque tienen enormes ventajas en el combate contra el cambio climático, mejorando por ejemplo el aislamiento de los edificios y contribuyendo a frenar las emisiones, o en la preservación de los alimentos para una población mundial creciente». Cierto es que sus aplicaciones modernas son incontables, desde sanidad a ocio, pero quedan asignaturas pendientes como aumentar la reutilización y el reciclaje, prevenir la fuga de plásticos al medio ambiente y acelerar la eficiencia en el uso de los recursos.

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