Cedés y deuvedés, el terror de los océanos

Los dispositivos de almacenamiento están compuestos de un plástico muy duro llamado policarbonato que se descompone con el agua del mar y libera sustancias muy tóxicas

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Hasta hace unos años, se pensaba que los plásticos muy duros, como los que se usan en los mangos de los destornilladores o en los cedés y deuvedés, se mantenían inalterables durante décadas e incluso siglos, pero a principios de esta década un grupo de investigadores de la universidad japonesa de Nihon descubrieron que la creencia era errónea y que este tipo de material, denominado policarbonato, podía alterarse en poco tiempo y desprender sustancias tóxicas muy nocivas para la vida de los océanos. Por eso, el tratamiento de estos materiales requiere un extra de cuidados por parte de los consumidores cuando llega la hora de desecharlos, una decisión cada vez más común ante la proliferación de dispositivos de almacenamiento de menor tamaño y mucha más capacidad.

Como son plásticos, ¿van al contenedor amarillo?

La respuesta es no. Muchos consumidores identifican el contenedor amarillo con los plásticos, una idea que lleva a cometer errores graves a la hora de reciclar. A este colector van los envases ligeros de plástico y metal y los briks, pero no otros elementos hechos de materiales similares, como pueden ser los cepillos de dientes o los cubos de limpieza. Tampoco los cedés y deuvedés deben acabar en el contenedor amarillo porque, al no ser material propio de este tratamiento, no llegaría a recuperarse al llegar a las instalaciones industriales donde se procesan los componentes de los envases.

Los discos compactos deben llevarse siempre al punto limpio municipal o a los puntos móviles que algunos ayuntamientos ponen a disposición de sus conciudadanos por barrios y parroquias. Desde estos puntos de recogida, los cedés y deuvedés se trasladan a los gestores autorizados, donde los discos son tratados para aprovechar su componente de valor, que es básicamente el policarbonato, del que están formados estos dispositivos al 98 %. Una vez tratado, este plástico vuelve a ser materia prima para la industria. 

¿Qué pasa si llegan al mar?

El policarbonato se obtiene de una combinación de petróleo y gas natural y, según han revelado los investigadores japones de Nihon, su mezcla con el agua del mar puede resultar fatal. Cuando se biodegradan en el océano, estas sustancias generan grandes cantidades de bisfenol A, que es un llamado disruptor endocrino. El bisfenol A es capaz de alterar el sistema hormonal. Según explicaron los responsables del estudio, los moluscos, los crustáceos y otros anfibios se pueden ver afectados por esta sustancia, incluso cuando se encuentra en bajas concentraciones. Además del policarbonato, el otro elemento que libera esta sustancia al océano es la resina epóxica, que se utiliza en las pinturas con las que se protegen los cascos de los barcos del óxido y los moluscos. 

Un gesto ecológico y económico

Como ocurre en el caso del aluminio y del vidrio, el reciclado del policarbonato es, además de una cuestión de sostenibilidad, un gesto económico de gran valor, ya que este tipo de plástico es muy apreciado en la industria. En el caso de latas y botellas, el reciclado es total sin que el alumnio o el vidrio pierdan sus propiedades. Ambos elementos pueden reciclarse de forma ilimitada. 

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