Árboles para combatir el cambio climático

Cada minuto se pierde en el mundo una superficie forestal equivalente a 36 campos de fútbol

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Los árboles son cronistas de la historia del clima. Pilares para el equilibrio de la vida. Entre sus anillos se descifran las cambiantes condiciones medioambientales y la huella profunda del ser humano en la Tierra. Son baluartes de la cultura, pero a la vez pulmón, termómetro y parte del remedio a los excesos que aceleran el cambio climático.

Desde los años ochenta, la vorágine industrial eleva día a día la temperatura del planeta a la par que se disparan los gases de efecto invernadero en la atmósfera. Y solo durante las últimas tres décadas se ha degradado una cuarta parte de los bosques del mundo. Según los datos de la organización independiente de conservación de la naturaleza WWF, en términos netos, desde 1990 han desaparecido 129 millones de hectáreas de bosque, una extensión mayor que Sudáfrica. Sin embargo, en ese dato conjunto, las superficies plantadas ocultan las transformaciones de los bosques naturales. En ese mismo periodo desaparecieron 239 millones de hectáreas de espacios autóctonos, los de mayor riqueza y calidad medioambiental.

Freno necesario a la deforestación

El Acuerdo de París, del año 2015, trata de poner coto a las emisiones contaminantes y reducirlas en un 40 % respecto a los niveles de 1990. EE.UU, el país más industrializado del mundo, se desmarcó ya del tratado con Trump como presidente. Un revés. Pero los países también se están comprometiendo con otras iniciativas que promueven la meta de la deforestación cero, como la Declaración de Nueva York sobre los Bosques (2014), aprobada por 36 gobiernos nacionales, 53 empresas y 54 organizaciones de la sociedad civil. La Unión Europea (UE), no obstante, ha dado el visto bueno a una normativa comunitaria que persigue aumentar el volumen de dióxido de carbono (CO2) absorbido por la masa forestal para hacer frente al cambio climático. En un mundo en el que cada año se arrasan millones de hectáreas -una superficie equivalente a Panamá-, la norma aprobada en Bruselas establece que los Estados miembros tendrán que garantizar que la deforestación sea compensada con la plantación de árboles. Porque las poblaciones arbóreas almacenan grandes cantidades de carbono -esenciales para el ciclo de nutrientes-, de agua y mejoran la calidad del aire, de ahí su papel fundamental en la lucha contra el cambio climático. Absorben anualmente 2,1 gigatoneladas de CO2, pero cada minuto el ser humano tala un área equivalente a 36 campos de fútbol.

Árboles urbanos

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, conocida como FAO, más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, que apenas ocupan el 3 % de la superficie terrestre, al tiempo que consumen el 78 % de la energía y emiten el 70 % del dióxido de carbono. En contraposición, las urbes son los motores de la economía, ya que generan el 80 % del Producto Interior Bruto (PIB) mundial.

La entidad subraya que los árboles urbanos ayudan a mejorar el clima y la biodiversidad, haciendo de las ciudades mejores sitios para vivir. Además, la plantación en áreas estratégicas puede ayudar a enfriar el ambiente entre dos y ocho grados centígrados y reducir, por tanto, el uso del aire acondicionado y la calefacción.

Las zonas forestales próximas a las urbes, amén de los beneficios ya citados, ayudan a obtener seguridad alimentaria, energía, agua, restauran los suelos degradados y previenen las sequías y las inundaciones. Un solo árbol urbano puede llegar a absorber 150 kilos de CO2 al año.

Amenaza a nivel mundial de los bosques

La agricultura extensiva es el factor más importante de la deforestación y así lo advierte la FAO en su último informe sobre el estado de los bosques. Alimentar a una población mundial que se prevé que aumente de más de 7.000 millones de personas en la actualidad a más de 9.000 millones en el 2050 es una empresa complicada, agravada por las más que evidentes consecuencias del cambio climático. De hecho, la FAO estima que más de 250 millones de personas están ya afectados por la desertificación. Los bosques son, de nuevo, parte de la solución. Albergan el 75 % de la biodiversidad terrestre, generan recursos e impulsan segmentos de la economía.

.Imagen cedida por la organización ecologista Greenpeace, que denuncia la deforestación de una zona protegida en Indonesia
Imagen cedida por la organización ecologista Greenpeace, que denuncia la deforestación de una zona protegida en Indonesia

Bajo mayor amenaza, precisamente debido a los monocultivos, están las zonas boscosas de América del Sur y Asia Sudoriental, donde la producción a escala industrial de soja y las plantaciones comerciales de palma aceitera, respectivamente, carcomen sin pausa la masa forestal en países como Argentina, Brasil, Ecuador, Indonesia, Mozambique, Myanmar, Nigeria, la República Democrática del Congo, la República Unida de Tanzanía, Venezuela y Zimbabwe.

Así, los datos de la FAO apuntan que, a nivel global, desde los años noventa 93 países registraron pérdidas forestales netas, pero otros 88 experimentaron aumentos de la superficie forestal, entre ellos España, lo que determina que el problema de la deforestación depende, a una escala inferior, de cada país o región.

Galicia se mantiene, pero desaprovecha mucha superficie

La superficie forestal gallega se mantiene en las últimas décadas en torno a los dos millones de hectáreas, según los datos que maneja la Cosellería do Medio Rural. Así se recoge también en el IV Inventario Forestal Nacional, donde se plasma que apenas hubo cambios en los últimos años. De esos dos millones de hectáreas de superficie forestal, el 70 % está arbolada y el 30 % restante corresponde a monte ocupado por «arbolado disperso», o lo que es lo mismo, infrautilizado. Por provincias, el 34 % del monte gallego corresponde a la de Lugo; el 29 % a la de A Coruña; el 22 % a Ourense y el 15 % a Pontevedra. Así, actualmente se contabilizan en la comunidad 600.000 hectáreas improductivas (desarboladas); 225.000 de pasto y 175.000 integradas en la Rede Natura 2000. Esa superficie desaprovechada y la ordenación del monte serán los principales retos a cumplir para el futuro plan que ponga en valor el monte gallego, después de que la estrategia trazada en 1992 con vigencia para las siguientes cuatro décadas diese nulos resultados.

Uso de drones

La Xunta empleará drones para hacer un inventario propio de la superficie arbórea y las parcelas abandonadas de Galicia. El servicio, licitado por 1.149.500 euros y para el que ha recibido nueve propuestas, recabará información «nunca antes disponible» sobre la masa forestal a fin de realizar inspecciones aéreas que permitan llevar un control de plagas, facilitar la labor de las empresas del sector y ayudar en la lucha contra el fuego, puño de la deforestación.

Un futuro verde

La gestión forestal responsable y apropiada garantiza la sostenibilidad del bosque y el aprovechamiento de sus recursos. El sello FSC (Forest Stewardship Council), creado a principios de los noventa, vela por un uso correcto de la madera y trata de poner orden en un sector tradicionalmente opaco, en el que a menudo es difícil saber el origen del producto que acaba en manos del consumidor. Busque su distintivo.

A iniciativas como esta se suman otras acciones ciudadanas en campos tan aparentemente alejados del bosque como puede ser la arquitectura. Especialmente popular se ha hecho el proyecto del arquitecto italiano Stefano Boeri Bosque Vertical de Milán, en el que plantea un futuro en el que todos los edificios de las ciudades estén cubiertos de plantas y árboles.

.Uno de los proyectos de Boeri
Uno de los proyectos de Boeri

Y aunque sin llegar a obtener el reconocimiento internacional de Boeri, cada ciudadano puede aportar su colaboración a un futuro más sostenible y de forestación responsable con el simple gesto de depositar el papel y cartón en el contenedor azul. Cada árbol lo agradecerá.

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