Los siete errores más comunes a la hora de reciclar

Bombillas, cristales, cepillos de dientes o pañales son algunos de los productos que más dudas plantean a los consumidores a la hora de separar residuos

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La Voz

La teoría básica es muy sencilla: envases al contenedor amarillo (latas, botellas de plástico, briks…); papel y cartón (y los envases hechos con estos materiales) al azul; vidrio al iglú; los restos orgánicos al verde y todo lo demás al contenedor gris de restos o al punto limpio. En la práctica, sin embargo, los productos que desechamos tienen usos y composiciones que no siempre encajan con esas categorías, y la decisión de separar en el hogar y depositar en un cubo u otro acaba siendo una cuestión de instinto que muchas veces nos lleva a error. Que se nos rompe un vaso, pues al iglú del vidrio. Que limpiamos una superficie con papel de cocina; al acabar, allá que se va al azul. Que el cepillo de dientes está inservible; como es de plástico, al amarillo. Y en todos estos casos la intuición nos traiciona. Acertar es un poco más fácil si conseguimos evitar los errores más comunes. Estos son:

1. Loza, cerámica y cristal

Vidrio y cristal no son lo mismo, ni tampoco el vidrio tiene que ver con la loza o la cerámica. Por eso, cuando se nos rompe un vaso o un plato su destino no puede ser el mismo que el del tarro de mermelada o la botella de vino. Tanto los cristales rotos como la loza y la cerámica deben tirarse al contenedor de restos (el gris o verde en el caso de Sogama  y el amarillo en el modelo de Nostián y Barbanza) o, mejor aun, al punto limpio.

2. Las bombillas

Los envases que las contienen deben reciclarse de forma separada (el plástico al contenedor amarillo y el cartón al azul) y las bombillas deben llevarse al punto limpio para su correcto tratamiento porque están compuestas de vidrio, metal y componentes que pueden resultar muy tóxicos, como el mercurio. Algunos establecimientos de venta también se encargan de la recogida de estos elementos, para su posterior tratamiento en puntos limpios. En Galicia funciona el SIG Ambilamp, que dispone de puntos de recogida en todas las provincias.

3. Los productos sanitarios y de higiene

¿Dónde se tiran los bastoncillos y los discos desmaquillantes de algodón? ¿Y las toallitas húmedas? ¿Y los preservativos? Los materiales con los que están hechos cada uno de estos artículos desaconsejan arrojarlos al contenedor amarillo de los envases. Su destino más adecuado es el contenedor gris, de restos. Lo mismo ocurre con los pañales, que suelen también acabar en el amarillo, cuando su destino correcto es el gris. 

Del váter a la depuradora: El viaje de una toallita casi indestructible Se han convertido en el sustituto equivocado del papel higiénico. Y ya son el problema más grave de las redes de saneamiento de todo el mundo. Así dañan las canalizaciones estas toallitas. El coste de retirarlas lo pagas en tu factura de agua

4. Papel de cocina usado

¿El papel al contenedor de papel? Depende. Si se trata de papel de cocina y está usado no es adecuado para el reciclaje y deberá depositarse en el contenedor de residuos orgánicos. Lo mismo ocurre con los tapones de corcho de las botellas. Su destino es el de los restos orgánicos. 

5. Cepillos de dientes y maquinillas de afeitar

Estos artículos están hechos en su mayor parte de plástico, pero su destino no es el contenedor amarillo. Lo más conveniente para deshacerse de esos residuos es dejarlos en el contenedor de los restos porque no se trata de envases y en su composición se incluyen otro tipo de materiales que no pueden tratarse en las plantas de reciclaje.

 6. Cubos de plástico y juguetes

Cubos de plástico y juguetes también de plástico. ¿Al contenedor amarillo? Esa es la respuesta que dan muchos consumidores, pero como en el caso anterior su composición lleva a engaño y su destino final no debe ser el de los envases. El mejor lugar para depositarlos es el punto limpio y, en su defecto, el contenedor de restos.

7. Briks y bandejas de comida

Los briks son indiscutiblemente envases y su destino es el contenedor amarillo, pero en ocasiones su composición (cartón, aluminio y plástico) despista a los consumidores y muchos de estos residuos acaban en el contenedor azul de papel y cartón. Con las bandejas de poliestireno que se emplean para servir y transportar productos de alimentación ocurre lo mismo. Su lugar es el colector amarillo.

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