Siete trucos para vivir una Navidad más sostenible

La época del año en la que más se consume es también una gran oportunidad para reciclar, reutilizar, ahorrar energía y comprar de forma responsable


Redacción

Además de hermanos, hijos, padres, cuñados, sobrinos o tíos, en Navidad somos sobre todo consumidores y nuestras decisiones de compra tienen impacto directo en nuestro entorno. Comprar en función de las necesidades o bien por impulsos; elegir productos de proximidad o artículos llegados desde el otro extremo del mundo; ser cuidadosos con los residuos o tomarse «vacaciones» a la hora de reciclar; reutilizar, congelar, aprovechar... o echar lo que sobra a la basura sin dudar un segundo son disyuntivas que pueden hacer que nuestras navidades sean sostenibles y responsables o todo un derroche de recursos y energía. Evitar lo segundo es mucho más sencillo de lo que parece y solo requiere un poco de atención a los pequeños gestos. Estos son algunos consejos para una Navidad en verde:

1. Comprar con la cabeza

Si ir con la lista de la compra en el bolsillo es el primer mandamiento del consumidor responsable, mucho más cuando se trata de comprar en la época de mayor gasto del año. Para ahorrar, en todos los sentidos, conviene anticiparse y planificar los menús con tiempo y tener presente que la mejor opción para el bolsillo y para el planeta son los productos de proximidad y de temporada. Con un menú razonable en cantidades y calidades (pagar más no es sinónimo de comprar mejores productos) y cierto margen para hacer las compras será más fácil comparar precios y productos y evitar caer en la tentación de las ofertas gancho que casi siempre son una mala decisión.

El consejo también es aplicable a la hora de comprar regalos. Un estudio difundido este mes por la Asociación Valenciana de Consumidores y Usuarios señala que, solo en los juguetes, la diferencia en el precio de algunos productos según el establecimiento puede superar los 80 euros

2. ¿Por qué productos de proximidad?

No es delito darse un capricho culinario -o unos cuantos- en las celebraciones navideñas, pero no hay que olvidar que elegir productos que se cultivan o se crían en nuestro entorno reduce de manera muy significativa el impacto energético de nuestra decisión, ya que, entre otras razones, el transporte es mínimo. Además son productos que muy probablemente no han pasado por cámaras frigoríficas y que, en muchos casos, proceden de pequeñas explotaciones, lo que contribuye a apuntalar la economía local. Al ser de proximidad son también, en general, de temporada y, por tanto, más baratos. Ninguna fresa, ciruela, sandía, melón o frambuesa sabrán mejor en diciembre que en su tiempo, el verano. Las verduras autóctonas, en cambio, están casi todas disponibles en esta época. Si hay dudas, el Ministerio de Agricultura ha lanzado la campaña Fruta y verdura de aquí y de ahora, donde ofrece información detallada sobre qué es más recomendable consumir en cada época del año. 

3. Residuos: ante todo, organización

Las comidas y cenas navideñas producen a veces tantos residuos que es fácil sentirse desbordado: si en España cada persona genera algo más de un kilo de basura al día, en navidades esa cifra sube hasta 1,75, un 75 % más. En estos días se acumulan muchas botellas de vidrio, tarros, cajas de alimentos, envoltorios de regalos, bandejas de pastelería, restos de carne, pescado y marisco, piezas de poliespan para proteger los aparatos tecnológicos, cajas de madera para el vino, virutas, confeti, serpentinas... Un volumen mareante que puede hacernos olvidar las buenas prácticas que seguimos a diario y recurrir a un saco muy grande para borrar toda esa basura de nuestra vista. Para no cometer ese error, lo mejor es organizarse previamente y disponer de cubos o bolsas de tamaño adecuado para tener lista la respuesta cuando alguien pregunte: «Y esto, ¿dónde lo tiro?». 

4. Controlar la calefacción, las luces y los electrodomésticos

El gasto energético es otro de los capítulos que se disparan durante las navidades y, de hecho, los hogares consumen hasta un 30 % más de energía en estas fechas, lo que obviamente tiene un impacto directo en la factura eléctrica y hace más empinada la cuesta de enero. Es conveniente controlar las luces decorativas y no abusar de este tipo de adornos, pero lo cierto es que en donde se va más energía es en la cocina. Lo tendrán más fácil quienes dispongan de placas de inducción y electrodomésticos eficientes y también quienes cocinen con ollas a presión o aprovechen el calor residual del horno.

También es importante no olvidarse de apagar las luces que no sean imprescindibles y moderar el consumo de calefacción aunque las cenas propicien los atuendos de fiesta, que no están reñidos con la confortabilidad y el abrigo. No hace falta pasar frío ni tampoco cenar en manga corta. 

5. Reutilizar y reciclar con imaginación

Muchas veces el consumidor más responsable es el que decide no consumir y opta por aprovechar los recursos que ya tiene y reutilizarlos. Los envoltorios de regalos son un buen ejemplo de cómo ahorrar dinero y energía en estos días. Papeles, lazos, cintas... pueden tener una vida mucho más larga que la de adornar un solo regalo y acabar en la basura, e incluso las revistas y los periódicos, usados con imaginación, pueden convertirse en el envoltorio más resultón. También sirven para adornar los restos de guirnaldas y confeti, el papel de celofán que protege los envoltorios de algunos artículos de alimentación, el papel de aluminio... En cualquier caso, cuando se dé por terminado su uso, cada material debe ir a su contenedor correspondiente.

Los mismos recursos caseros se pueden emplear para hacer los adornos navideños. Internet y, en particular, redes como Pinterest e Instagram están llenas de ideas para convertir el elemento más cotidiano en un árbol de Navidad, una guirnalda o un portavelas, y también para hacer manualidades con los niños y entretener mejor sus vacaciones. 

6. La misma fórmula para la cocina

Reutilizar y reciclar sirve también para la cocina, donde tradicionalmente acaba sobrando siempre de casi todo. Si no se puede congelar para poder tomar un suculento plato en la primavera en lugar de alimentarse de él durante tres días (o, lo que es peor, tirarlo en la bolsa de residuos orgánicos), siempre podemos tratar de hacer otra preparación con las sobras. Croquetas, salpicones, ropavieja... son algunas de las recetas más tradicionales, pero también las ensaladas templadas son una buena opción, como esta de pollo con vinagreta de Frabisa. Lo de verdad importante es no tirar la comida. La media de desperdicio por persona en España está en torno al medio kilo de alimentos por semana. 

7. Los regalos, con moderación

Hay un montón de razones para aplicar esta norma: económicas, ecológicas, pedagógicas, sociales..., sobre todo cuando los beneficiarios son los niños, que tantas veces se ven desbordados por deslumbrantes paquetes. Además de agradar, el regalo es una gran oportunidad para educar a los más pequeños y muchas entidades y organizaciones ofrecen alternativas solidarias, sostenibles e igualitarias, como Unicef, SEO BirdLife o WWF. Si aun así, la acumulación de juguetes y juegos nos deborda existen muchas campañas de recogida organizadas por entidades sociales para garantizar los regalos a todas las familias, como la de Cruz Roja, que recibe donativos de juguetes nuevos, que no deben ser además ni bélicos ni sexistas, o la de Bicicletas sin Fronteras, abierta todo el año. 

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