¿Por qué todos quieren ir a Japón?

Tokio es la capital de la que más escuchará hablar de aquí al 2020. La celebración de los Juegos Olímpicos ha volcado al Gobierno japonés en la promoción de una capital de otro mundo. Esa es la impresión que se llevará, y no por lo que imagina.


Redacción

El primer choque en Japón se produce nada más pisar su capital. En realidad, antes, en el trayecto del tren que conecta el aeropuerto con la mega urbe. Todo es silencio allí. Ese respeto por lo colectivo y el civismo del que tanto lees y te hablan se vuelve de golpe lo normal. Nadie levanta la voz para hablar por el móvil, ya que nadie habla por el móvil durante el viaje, y la persona que tienes al lado es un niño de unos diez años que se dirige, solo, al colegio.

Viendo lo rentable que está siendo el turismo, el Gobierno nipón se ha volcado en la promoción del país, y especialmente de la capital. Los vuelos han experimentado un considerable descenso en sus precios y los carteles del tren o del metro tienen, de unos años a esta parte, su versión en inglés. Cuando, aún así, es necesario preguntar, la amabilidad de los trabajadores de la estación vuelve a fascinar. En Tokio, la cortesía está asegurada y no te cansas de repetir la palabra mágica, arigato. Luces, pantallas, edificios altísimos con más pantallas, neones, anuncios con imágenes en movimiento en todas las esquinas, filas espontáneas para entrar en una tienda, para comprar algo de comer o para cruzar el paso de cebra. Se forman de un modo natural.

El paraíso: Akihabara

El barrio por antonomasia de la tecnología en Japón es la zona comercial de Akihabara, también conocida como la Tokyo’s Electric Town. Un microcosmos dentro del universo de la ciudad. Hay tantos grandes almacenes de electrónica que es una oportunidad única para los que disfrutan de toquetear, comparar y mirar las últimas novedades, sobre todo de las marcas japonesas. Destaca el enorme Yodobashi Camera. Un centro comercial de nueve plantas dedicadas a la informática, fotografía, vídeo, electrodomésticos... Además, los empleados suelen ser algo de inglés.

El manga y los videojuegos han ganado terreno en el barrio, cuya calle principal permanece cortada al tráfico durante las horas centrales del día. El Tokyo Anime Center, en el cuarto piso del edificio de UDX, es la meca de los que se quedan absortos contemplando estas rarezas del movimiento anime que tanto arrasa allí entre los jóvenes. Es la cultura otaku. Super Potato, con la fachada decorada con Super Mario y Pacman, es visita ineludible para los fans de las consolas. También tiene el Pop Life Department M’S, uno de los mayores sex shops del mundo. Para tomar un café diferente, y caro, están los famosos maid cafe, donde las camareras van caracterizadas de sirvientas.

Gangas electrónicas

Si se llevan suficientes yenes en el bolsillo, en las grandes superficies suelen ofrecer duty free a los turistas. Eso sí, en compras de más de 10.000 yenes, unos 73 euros. Sin embargo, con tanta globalización, el barrio ya no es lo que era. «Akihabara ha cambiado mucho. Hace 20 años encontrabas aquí piezas de electrónica que era imposible encontrar en otra parte. Hoy las consigues de forma más fácil y barata por Internet. Aún siguen quedando, en las calles traseras, algunas tiendas donde poder comprar cosas curiosas de segunda mano, sobre todo de temas informáticos o fotográficos», apunta Laura Tomás, coautora de uno de los blogs más leídos en castellano sobre el país, Japonismo.com. Lo cierto es que puntos neurálgicos como Sibuya o Shinjuku le han robado parte del brillo a Akiba y ofrecen grandes almacenes similares.

Cosas del pasado

Japón es un país de contrates. El de la puntualidad milimétrica y la velocidad de los Shinkansen que conectan en tres horas urbes como Tokio y Osaka separadas por más de 500 kilómetros. La aplicación HyperDia es muy recomendable para consultar horarios, y el JR Pass, el bono para circular por la mayoría de las líneas de tren, es más que aconsejable. Pero, el país puntero de Oriente también prefiere los pagos en efectivo. La mayoría de los cajeros automáticos no aceptan tarjetas extranjeras. Sí, los de la cadena de supermercados 7-Eleven. Las redes wifi tampoco son lo mejor. Cuesta encontrar una fuera del hotel o del Airbnb. Una alternativa a Google Maps son aplicaciones como Maps.me que funcionan sin datos. «Es un país muy abierto a las nuevas tecnologías, pero mantiene un carácter a veces algo rústico. Por ejemplo, había teléfonos con conexión a una especie de Internet mucho antes que en Europa y llevaban años pudiendo usar el móvil para acceder al transporte público pero no se podía pagar con tarjeta en apenas ningún lugar», explica Laura Tomás.

¡Esos retretes!

Son uno de los mejores inventos de Japón. Tan sofisticados que necesitan libro de instrucciones. Da igual que haya que recurrir a un baño público del metro o al de un pueblo remoto en una excusión, puede tener la seguridad de que estarán impecables y tendrán la opción de activar el sonido de agua de mar para aislarse.

Ciudad a la carta

Hay muchos Tokios diferentes. El de los parques que parecen bosques; el de las izakayas escondidas en sórdidos callejones; el de los domingos donde los más tradicionales sacan del armario sus kimonos; el de la moda de Harajuku; el de los adictos a los arcades; el de la excentricidad de los robots humanoides como compañeros de piso, los gatos que cotizan a lo alto en un cat cafe o los hoteles cápsula. Pero también es la capital donde no encontrará una papelera en la calle ni tampoco un papel tirado. En el área metropolitana viven 37 millones de personas, la mayor aglomeración urbana del mundo. Cuesta creerlo con tanto orden. Estar rodeada de gente en todo momento pero que nunca resulte molesto. Es entonces, embelesada por tanto neón y tanta calma, cuando piensas: no es una ciudad de este mundo.

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