Menos noticias, ¿más «fake news»?

La mayor red social del planeta ha provocado un terremoto en el mundo de la comunicación al decidir relegar las noticias y los contenidos informativos. El movimiento, efectuado cuando varios escándalos afectan a Facebook, ha tenido el efecto contrario: más controversia, una escalada de tensión con los medios y nuevos debates sobre su supuesto influjo «corrosivo» en las democracias.

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Redacción

Lo que pasa en Facebook afecta al mundo. Es la mayor red social del planeta, con 1.200 millones de usuarios. Lo que perjudica a los medios, también tiene consecuencias para cientos de millones de personas. Los que viven en democracias los necesitan fuertes e independientes. El brexit, la elección de alguien como Trump en Estados Unidos y la posverdad independentista en Cataluña están ahí para recordárnoslo. Y su sombra es alargada. Por eso ha causado tanto impacto el cambio anunciado por Mark Zuckerberg sobre la presencia de contenidos informativos en su red.

Señalado por el impacto de las noticias falsas y por la falta de control sobre el contenido que circula como publicidad, la caja negra (los usuarios, los medios y las empresas juegan, pero solo la casa sabe las reglas y las cambia cuando quiere) de Facebook ha vuelto a girar, trasmutada en un gigantesco dado. Cuando caiga sobre el tapete podremos medir su impacto real y comprobar si la reducción de noticias (supuestamente bajarán de un 5% a un 4%, según Zuckerberg) se lleva por delante a los bulos y hace de Facebook un lugar menos peligroso para sus usuarios.

«Las redes están desgarrando a la sociedad», dijo públicamente en diciembre Chamath Palihapitiya, un antiguo directivo de Facebook. Sus palabras abrieron otra grieta enorme en la reputación de una compañía cada vez más poderosa, que posee además otros dos monstruos de alcance global que también crecen de forma consistente: Instagram y WhatsApp.

Con este panorama, ¿cuál es el futuro de la red social? ¿Seguir expandiéndose, ganar aún más dinero y situarse por encima de la sociedad? ¿O se cumplirá alguna vez la recurrente profecía de que ese imperio se desmoronará tan rápido como se forjó? Nadie tiene la respuesta. No se puede despejar la ecuación. Pero sí se puede repasar algunos factores, conflictos e intereses que hay sobre el tablero. Y ahí vamos.

NOTICIAS Y «FAKES»

¿Cambiemos para que nada cambie?. «Hay una verdad fundamental sobre el impacto de las redes sociales... En el lado positivo, nos permite expresarnos y participar. En el negativo, permite difundir falsa información y corroer la democracia... Y no puedo garantizar que lo positivo supere a lo negativo». Esta frase la escribió en un blog oficial Samidh Chakrabarti, jefe de producto de Facebook el 22 de enero. En esa publicación también anunciaba que la compañía iba a contratar a 10.000 personas para combatir la difusión de noticias falsas y evitar que la red social se convirtiera en un «arma».

El anuncio llamó la atención públicamente, pero no tanto como el que unos días antes había hecho Zuckerberg sobre la reducción de los contenidos de medios de comunicación que iban a mostrar a los usuarios. Y es que en aquel post el jefe supremo de la red social decía que iban a encomendarse a las recomendaciones personales para mostrar ese tipo de contenido. Se puso el grito en el cielo. Pedirle a la gente que, de un vistazo, distinga una noticia falsa de una veraz y el contenido de calidad del perralleiro se parece mucho a responsabilizar a la afición cuando pierde un equipo de fútbol.

La prensa especializada y muchos editores pusieron el grito en el cielo. Muchos llevaban años adaptándose a los vaivenes en el algoritmo y las exigencias de Facebook para llegar a más lectores. La nueva política parecía dejarlos en fuera de juego. Pero Zuckerberg precisó días después que esa reducción no afectaría a las noticias «de alta calidad, confiables, informativas y locales... De fuentes de confianza». Habrá que comprobar si es así y ver cómo decide la red social lo que es una fuente de confianza, pero también conviene constatar que Facebook ya mostraba muy pocas noticias de manera natural. Lo dice un informe del prestigioso Nieman Lab elaborado y publicado antes del anuncio del cambio. Las fake news y el contenido «que puede corroer la democracia» siempre circularon principalmente por otra autovía, la de la publicidad y los controvertidos Dark Ads (no se pueden controlar, de momento solo los ven los promotores y los destinatarios). Y para ellos, de momento no parece haber límites. ¿Los habrá?

EL IMPACTO SOCIAL

Los mundos burbuja. Otra acusación recurrente contra Facebook es que impide el debate y favorece que los usuarios solo vean contenido y publicaciones que reflejen su concepción del mundo, lo que favorece la división social. El propio Chakrabarti reconoce que eso ocurre, pero alega que también ocurre en el mundo analógico y dice que es muy difícil romper «esas burbujas» porque es actuar contra los «instintos básicos» de los seres humanos. Y afirma que Facebook prueba ya una herramienta que va a permitir mostrar a los usuarios más artículos con otras perspectivas.

EL IMPACTO PERSONAL

«Explotamos las vulnerabilidades». Sean Parker, primer presidente de Facebook y uno de sus fundadores, reveló en noviembre del 2017 que se había convertido en «objetor de conciencia» sobre las redes sociales. El también creador de Napster quiso llamar la atención sobre el efecto adictivo que pueden tener sobre las personas. Y reveló que tanto él como Zuckerberg sabían que estaban explotando «una vulnerabilidad en la mente humana» para enganchar a los usuarios. Parker, que ganó muchos millones gracias a Facebook, completó su andanada con una frase demoledora: «Solo Dios sabe lo que (las redes) le están haciendo a nuestros hijos». Facebook salió al paso de esta y de otras acusaciones afirmando que solo suponen un problema si los usuarios se limitan a dar me gustas y no participan de forma activa.

ARREGLAR FACEBOOK

Del propósito a los hechos. El mensaje de Zuckerberg con lo que inicialmente parecía un descomunal propósito de año nuevo, «arreglar Facebook», señalaba varios problemas como la «pasividad» de los usuarios y prometía corregir «errores y abusos». También señalaba culpables, como la fiebre por los vídeos que él personalmente promovió. El «vídeo first» ha pasado a la historia. ¿Hasta el próximo giro?

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