1998, el año de los videojuegos

Hace una década el mundo entraba en uno de los años cumbre para las consolas. Decenas de títulos de incalculable calidad vieron la luz, y no pocos han sido resucitados por las compañías para disfrute de las nuevas generaciones. Una muestra de su valor actual, así como del interés que veinte años después continúan suscitando.


Pasa casi siempre, en todas las artes y épocas. Una serie de genios coinciden en un mismo espacio temporal y terrenal y la magia se hace palpable. En el año 98 poco quedaba para comprobar que el hombre llegaría al siglo XXI sano y salvo. La industria del videojuego pasó de ser un elemento de entretenimiento y ocio a taparse y abrigarse con un manto cultural mucho más agradable e interesante. Las últimas consolas lanzadas al mercado (Play Station o Nintendo 64) arrojaban títulos cada vez más profundos. Mejores gráficos, complejas y cuidadas tramas, y una comunidad en crecimiento que se enganchó a la estela de la industria, y, al contrario que otras generaciones, nunca la abandonó. Aquellos jugadores aún continúan apretando botones y teclas hoy, y buena culpa la tienen los títulos que en el año 1998 vieron la luz. ¿Fue el mejor capítulo de la historia de los videojuegos?

Ofrecer un sí como respuesta breve conllevaría rechazar y desestimar cualquier otra posibilidad. Sería demasiado ambicioso, mucho, pero tampoco descabellado o desacertado. En 1998 los aficionados a las consolas vivieron un auténtico éxtasis. A lo largo de doce meses los estudios sacaron decenas de títulos que quedarían incrustados en la retina por siempre.

Resident Evil 2, The Legend of Zelda: Ocarina of Time, Metal Gear Solid, Half-Life, StarCraft, Medievil, Baldur’s Gate, Unreal, Fallout 2, Fifa 99, Spyro the Dragon, Crash Bandicoot 3: Warped, Oddworld: Abe’s Exodus, Grim Fandango, Turok 2, Tekken 3... La lista podría ser más larga, pero solo con esta serie de nombres cualquier aficionado puede asimilar la importancia del mentado año. Todos los géneros tuvieron algún exponente que abriría puertas hacia el futuro, y hasta la industria se ha visto en la necesidad de recurrir a su resurrección. Claro caso el de Crash Bandicoot, y los rumores sobre Spyro no hacen nada más que crecer.

Como es habitual en otras artes y/o entes culturales como el cine o la música, el pasado se tiñe de nostalgia y melancolía. La perspectiva del tiempo se difumina al asociar el jugador todos esos títulos de 1998 con buena parte de su adolescencia o niñez. ¿Y si no fueran tan buenos si los jugáramos ahora? Podría ser, pero afirmarlo sería una mentira. De algún modo, casi todos los videojuegos mencionados han envejecido de manera notable, como si de un vino se tratase. Claro que sus gráficos están desfasados y ciertas formas en la jugabilidad son arcaicas; pero su esencia se mantiene impoluta. Su manera de divertir, entretener y hasta enseñar.

Por muchos años que pasen, la obra maestra de Hideo Kojima, ese Metal Gear Solid de 1998, se seguirá presentando con un brutal, sino el mejor de la historia, doblaje al castellano. Una trama con un mensaje contra las armas nucleares y la guerra implícito en cada párrafo. Cada plano se ha convertido en historia viva del videojuego. Igual que el magnífico Ocarina of Time de Zelda; o el enorme Baldur’s Gate, que aún hoy es considerado uno de los mejores títulos de rol jamás hechos y que, en pocas palabras, allanó y revivió el videojuego para PC.

En cierto modo, sorprende cómo ha cambiado la industria en dos décadas. No hay duda de la importancia monetaria y social de los videojuegos a día hoy. En aquel momento, apenas se hablaba de producto cultural y la inversión nacional en este campo quedaba relegada casi exclusivamente a Commandos, y a la importación de títulos para ser vendidos. Hoy, igual que en 1998 no había una casa sin televisión, es difícil encontrar un hogar sin algún tipo de plataforma para juegos digitales. El propio móvil, omnipresente en el 2018, es una consola portátil. Buena parte del sector ha encontrado un nicho de mercado apasionante y explotado a través de títulos como Clash Royale o Pokemon GO! Por no hablar de los cientos de minijuegos de puzles, o recreaciones de viejos títulos como el Pong o el Tetris.

Curiosamente, el Game of the Year de este año recayó en un Zelda. Una saga que en 1998 ya se ganó el corazón de todos los amantes de Nintendo. ¿Casualidad? Quizá, pero entonces no se explicaría el remake en camino de Resident Evil 2, o el mil veces deseado Half-Life 3. Veinte años después muchos nombres siguen presentes.

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