La guerra de los navegadores

El lanzamiento de Firefox Quantum y la disponibilidad de versiones de Microsoft Edge para sistemas móviles Android e iOS abren un nuevo capítulo en una larga contienda que parecían haber ganado Google y su popular Chrome, tan prestigioso como cuestionado por su consumo de recursos.


Redacción

Hace una eternidad digital, a principios de noviembre del 2004, el rey de los navegadores web era el vetusto y pesado Internet Explorer de Microsoft. Entonces apareció un nuevo programa, el Firefox, desarrollado con código abierto. Comenzó entonces una guerra que, trece años después y con un escenario completamente diferente, vuelve a recrudecerse con el lanzamiento de un nuevo producto de la Fundación Mozilla.

El nuevo Firefox, llamado Quantum, vio la luz el 14 de noviembre. Su llegada ha sido elogiada por la crítica especializada, que lo ve como una alternativa al actual monarca de los navegadores, el Chrome de Google, nacido en el 2008 y que hoy ostenta orgulloso una doble corona en ordenadores y en móviles (aquí tiene la ayuda de su preinstalación en el sistema hegemónico Android). Quantum destaca por su rapidez, por la limpieza de su interfaz, por integrar una herramienta para hacer pantallazos y presume de devorar pocos recursos del ordenador, lo que muchos consideran gran talón de Aquiles del navegador de Google. Aún así, lo tendrá difícil para triunfar. En el mundo digital buenas prestaciones no son sinónimo de éxito. Y la situación es completamente diferente a la del 2004.

Hace trece años la llegada de Firefox supuso una pequeña revolución. Aparecía una alternativa fresca a un programa avejentado y poco evolucionado. Consiguió rápidamente popularidad. Y acabó siendo el rey durante un tiempo. Pero el mundo digital ha cambiado. El Internet Explorer ya no existe de forma oficial (aunque es el navegador por defecto en Windows 7 y Windows 8 y aún lo usa mucha gente, un 10 % de cuota, según varios sistemas de analítica). Microsoft aprovechó el lanzamiento masivo de Windows 10 para enterrarlo (nadie lloró en el funeral) y sustituirlo por un nuevo programa, Edge, que de momento ?fue publicado en el 2015? no ha logrado una gran cuota de mercado, pese a venir preinstalado en la mayoría de los ordenadores que salen al mercado.

A Edge, que tiene varias características interesantes como su escaso consumo de recursos y la sencillez de su interfaz, le reprochan el carecer de una batería de extensiones como la que tiene Chrome. Según la compañía, la razón principal es la seguridad.

El navegador de Microsoft es noticia porque acaba de convertirse en multiplataforma y dar el salto a los sistemas operativos móviles Android e iOS. Ese movimiento estratégico, producido tras el fracaso de Windows 10 Mobile, ha llamado la atención. Y es que el programa incorpora un almacén de búsquedas, favoritos y listas de lectura que puede usarse de forma conjunta y sincronizada en el smartphone y en el PC (utilizando una cuenta Microsoft, claro). También incorpora un lector de códigos QR y otros servicios que lo convierten en una digna alternativa a Chrome, Safari, Firefox o esa cuarta vía que siempre significó el independiente y ahora renovado Opera, que comparte con el programa de Mozilla una renovada apuesta por la eficiencia y la rapidez.

Ante este nuevo panorama con más competencia, ¿qué hace el rey? ¿Qué planes tiene Google para uno de sus productos estrella? Pues pronto llegarán novedades. Una de ellas colmará una vieja reivindicación de los internautas: el sonido no se reproducirá de forma automática cuando se acceda a una página web. También aumentarán los avisos de seguridad y permitirán bloquear cierto tipo de contenido. Pero de momento nadie ha anunciado una rebaja en el consumo de memoria.

Equilibrio entre extensiones y eficiencia

Elegir un navegador puede ser un acto de fe, de militancia. Como sucede con los equipos de fútbol, hay furibundos partidarios de Chrome, de Firefox, de Opera... Pero también hay muchos usuarios que analizan prestaciones y escogen el que más les conviene. Suelen fijarse en cuatro aspectos: la rápidez de respuesta a la hora de abrir las web; su eficiencia (su impacto en el funcionamiento del ordenador o el móvil, en función del programa utilizado, muchas pestañas o ventanas abiertas pueden dejar seco a cualquier equipo); las opciones de sincronización entre diferentes equipos y dispositivos (como conservar y trasladar favoritos o marcadores del trabajo a casa o del móvil al PC); y las diferentes posibilidades para personalizar el navegador y adaptarlo a la experiencia de usuario con extensiones y complementos.

En este último punto Google Chrome es el dominador indiscutible, pero se está apreciando un cambio de tendencia. La moneda con la que se suele pagar la inclusión de muchos «plugins» es el consumo de memoria. Las nuevas versiones de dos veteranos navegadores como Firefox y Opera incluyen varias en el núcleo del programa para poder funcionar de manera eficiente. 

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