Empresas incubadoras en el espacio

El espacio baja a la Tierra. Lo hace de la mano de la Agencia Espacial Europea (ESA) para transformar las ideas surgidas de la tecnología orbital en productos y servicios que lleguen a los ciudadanos. La iniciativa ya ha permitido la creación de más de 500 empresas en Europa. Es el denominado Espacio 4.0.

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Redacción / La Voz

U n dron inteligente que reparte comida caliente a los ciudadanos de remotas aldeas de Portugal; un coche volador en forma de jet eléctrico capaz de despegar y aterrizar verticalmente en cualquier patio trasero; un plasma frío llamado a revolucionar el tratamiento de infecciones bacterianas en las heridas; un test de detección del cáncer de mama que permite ofrecer los resultados en tan solo 24 horas, un dispositivo miniaturizado integrado en las espinilleras de los jugadores de fútbol que permite analizar en tiempo real la velocidad, aceleración y posiciones de los futbolistas... Todos son productos y servicios ofrecidos por empresas emergentes. Pero no es su único ni principal nexo común: todas estas y muchas otras innovaciones están basadas en la tecnología espacial y todas han sido impulsadas por la Agencia Espacial Europea (ESA). Una buena idea rompedora capaz de transformarse en un producto que llegue al mercado es suficiente para poder ser acogido en la red de viveros de empresas que impulsa desde el 2003 el organismo comunitario. Las denominadas incubadoras BIC han acogido desde entonces más de 500 nuevas firmas emergentes implicadas en distintos sectores, desde la sanidad a la agricultura pasando por la automoción, lo que ha propiciado crear miles de puestos de trabajo en Europa. La red alcanzará a finales de este año un total de 18 centros, de los que dos están en Madrid y Barcelona.

Los datos de una novedosa iniciativa marcada por el éxito fueron presentados esta semana por los responsables de la ESA. «Para apoyar el crecimiento en toda Europa ponemos nuestros conocimientos y nuestras tecnologías a disposición de los actores de fuera del sector espacial. Con este fin hemos establecido viveros en los que los jóvenes emprendedores y las empresas emergentes reciben ayuda para crear productos innovadores empleando servicios suministrados por los satélites y tecnología espacial», explicó el director general de la agencia, Jan Woerner, resumiendo la filosofía de un proyecto que permite convertir ideas comerciales relacionadas con el espacio en sociedades que las aplican para llevarlas al ciudadano.

Asumir riesgos

Es lo que también se conoce como Espacio. 4.0. O al menos así ha sido definido por Frank M. Salzgeber, responsable del Programa de Transferencia de Tecnología de la ESA. «El Espacio 4.0, la evolución del sector espacial hacia una nueva era, afectará a la forma en que el espacio llega a otros sectores. En los centros de incubación estamos dispuestos a asumir riesgos para ayudar a jóvenes emprendedores con ideas atrevidas e innovación de futuro, acercándoles el espacio a la Tierra».

Al principio, las empresas emergentes se centraban en adaptar las tecnologías avanzadas desarrolladas para las misiones espaciales, pero ahora la mayoría de las firmas se dedica a explotar las señales y datos aportados por los satélites, que a menudo se combinan con tecnologías de otros ámbitos, como teléfonos inteligentes y drones. Las aplicaciones derivadas de los satélites de observación de la Tierra, como el Copernicus europeo, también se están imponiendo a medida que los sistemas de navegación pierden fuerza. Las empresas emergentes, por ejemplo, han desarrollado ideas que ayudan a los agricultores a reducir sus costes mediante la agricultura de precisión, que optimiza el rendimiento y reduce el empleo de fertilizantes. Alguno de estos proyectos se ha llevado a cabo en el centro BIC de Madrid, en el que sus empresas también están desarrollando sistemas de sensores para el control de la contaminación ambiental, dispositivos de almacenamiento de energía para la aeronáutica, drones para la lucha contra incendios o el desarrollo de simuladores solares con leds. Son solo algunas de las aplicaciones basadas en la tecnología espacial que están llevando a cabo las 14 sociedades que alberga la incubadora madrileña. «El proyecto sigue creciendo y se van incorporando nuevas empresas», destaca Carlos Romero, mánager del centro, que en este caso parte de una colaboración entre la ESA y la Comunidad de Madrid y que gestiona la Fundación para el Conocimiento Madri+d. Las empresas emergentes, que suelen permanecer dos años en los viveros, también reciben apoyo para el desarrollo de su negocio.

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