Metal Gear, tres décadas de puro sigilo

Han pasado ya 30 años desde que Snake comenzaba sus aventuras. Una docena de juegos dejan constancia de que Metal Gear es una de las mejores sagas de la historia. Su legado, ya sin Kojima a la dirección, plantea dudas entre los fans, que siempre podrán disfrutar de las míticas misiones de infiltración con el personaje de Konami

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Dos zumbidos anuncian una llamada. «Al habla Snake», responde uno de los personajes más carismáticos de la historia de los videojuegos. Han sido millones los jugadores que, a lo largo de las tres últimas décadas, han escuchado esas tres palabras. Metal Gear se ha consagrado como una de las mejores sagas de todos los tiempos por su fuerza narrativa y su brillante jugabilidad, que ha sabido adaptarse a cada tiempo y consola de la mano del considerado por muchos un gurú de los videojuegos, Hideo Kojima, creador de la franquicia de Konami.

 Tras Metal Gear Solid V: The Phantom Pain y la turbulenta marcha de Kojima de la compañía nipona parecía que no habría más historias de infiltración. Pero, aunque las aventuras de Solid Snake y Big Boss -los dos grandes protagonistas de la saga- hayan concluido, Konami se ha sacado de la manga Survive, el primer título sin su creador original al frente, que consistirá en un spin-off con un sentido narrativo más complejo y en el que entraban en juego mundos paralelos y extrañas criaturas. Algo que apenas encaja en el universo creado por Kojima.

Un legado, dos héroes

Si algo ha caracterizado a la saga Metal Gear es su historia, difícil de seguir para aquellos que no hayan catado sus nueve juegos principales. Hay que remontarse a 1987 para conocer a un joven espía que responde al nombre en clave de Snake. Su objetivo: desarticular una banda terrorista que posee un arma de destrucción masiva llamada Metal Gear. En su camino se topará con Big Boss, el gran villano de las dos primeras entregas y, posteriormente, protagonista de otros tres grandes juegos de la franquicia.

El punto de inflexión en la saga lo encontramos en la tercera entrega, que se lanzó en 1998 en la primera Playstation. Metal Gear Solid fue uno de los mejores lanzamientos de su generación e introdujo en la franquicia la narración cinematográfica con la que ha concluido. Kojima, un amante del séptimo arte -que ha llegado a trabajar con Guillermo del Toro para crear el malogrado Silent Hills-, no oculta que el origen de su creación se encuentra en películas como 1997: Rescate en Nueva York, del icónico realizador John Carpenter. Con la llegada de la saga a las consolas de Sony y, posteriormente, a las de Microsoft, el elenco de personajes también creció. En la segunda entrega de la generación Solid, Sons of Liberty, controlaremos a un nuevo agente secreto llamado Raiden, mientras que Snake pasa a un segundo plano en la trama. Solo recuperará el papel principal en la cuarta entrega, la última que narra sus aventuras, presentándonos a un espía en plena vejez que se enfrenta a su última misión, que cerrará todas las tramas abiertas a lo largo de los años.

Pero todavía queda conocer la historia de Big Boss y su relación con Snake. Para ello, en Metal Gear Solid 3: Snake Eater manejamos a un joven agente de la CIA que terminará convirtiéndose en el villano de las primeras dos entregas. Tras una expansión para PSP, la portátil de Sony, llegaba la última entrega, quizás la más caótica en términos narrativos, pero que cierra por completo el círculo de estos dos héroes. Sin embargo, las diferencias entre Kojima y Konami terminaron por romper un matrimonio que ya había cumplido sus bodas de plata. Un divorcio quedó patente en The Phantom Pain, que sin embargo puso un broche casi perfecto a una saga excepcional.

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