El gran apagón: la pesadilla de la era digital

E.V. Pita REDACCIÓN / LA VOZ

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MARIA PEDREDA

El ciberataque masivo de «ransomware» para secuestrar ordenadores puso en evidencia que la aldea global es una sociedad del riesgo. El terror tecnológico está aquí. A medida que el Internet de las Cosas y el 5G conectan más dispositivos, el peligro de un colapso total aumenta.

15 jun 2017 . Actualizado a las 03:15 h.

El mito de Frankenstein, el holocausto nuclear, la dominación de las máquinas y el Gran Apagón. Estas son las cuatro pesadillas tecnológicas que aterran al mundo industrial. Lo curioso es que el día del WannaCry, el 12 de mayo, nadie lo vio venir pero el temor a un colapso se palpaba en el ambiente.

Poco ha cambiado desde que en 1859 estalló la tormenta solar más virulenta de la historia y paralizó las comunicaciones por telégrafo en todo el mundo. Fue el primer apagón cibernético de la historia. «La aurora boreal del domingo, visible en toda esta parte de Canadá y en los Estados Unidos de la Nueva Inglaterra, ha sido la más hermosa que se ha visto hace veinte años a esta parte. Su efecto sobre los alambres telegráficos es de los más singulares. Hubo gran dificultad en transmitir desde las ocho de la noche hasta la una de la mañana», publicaba El Clamor Público hace 158 años.

Este primer Apagón Mundial ha sido novelado por la viguesa Goretti Irisarri y José Gil en su libro de género tecnofantástico Caen estrellas fugaces. «Si entonces no tuvo consecuencias brutales fue debido a que todavía no existía una civilización tecnológica. De darse hoy, los satélites artificiales dejarían de funcionar, acabaría con las comunicaciones de radio, habría apagones eléctricos a nivel internacional. El mundo quedaría apagado durante semanas», dice la coautora.

El Gran Apagón es una forma de terror tecnológico asumido por el subconsciente colectivo. El escritor pontevedrés Manuel Loureiro describía en su best-seller Apocalipsis Z la imagen de un puente de Rande atascado con coches abandonados. Pero esa era una civilización basada en el petróleo. A medida que los vehículos eléctricos son autónomos y los electrodomésticos se interconectan a través del Internet de las Cosas o 5G, la dependencia del ser humano con el automatismo y las computadoras será mayor.

Irisarri ha reflexionado sobre ese miedo colectivo al colapso de la civilización y cuyo primer aviso fue el ataque masivo de ransomware que el pasado 12 de mayo secuestró datos de 2.000 empresas y luego exigió un rescate en bitcoins. Imaginemos esto mismo dentro de 20 años: coches autónomos volcados en las carreteras, edificios inteligentes encendiendo y apagando luces, robots parados en las cadenas de montaje o móviles muertos.

«El Gran Apagón genera miedo, el viejo miedo al apocalipsis, pero es curioso que también se nos despierta enseguida un deseo secreto de que ocurra. Vivimos en un mundo hipertecnológico y estamos hipercomunicados, el teléfono móvil, las redes sociales… Es un exceso diario que al final genera ruido más que comunicación. Cuando ves a todo el mundo en el transporte público con su móvil, sin que nadie mire al de al lado, o a ti mismo en la mesa cenando y atendiendo mensajes, sin hablar con los demás… Si de pronto todo esto dejase de funcionar al menos podríamos volver a mirar y escuchar a nuestro alrededor. En el fondo deseamos ese Apagón; hemos perdido la capacidad de vivir nuestro propio presente», dice Irisarri.

Ciberataques en Vigo

Apenas unas horas después de que se presentase el 11 de mayo en Vigo la novela Caen estrellas fugaces, empezaron a circular a través del WhatsApp mensajes de este tipo: «Hay un ataque masivo de ransomware desde Telefónica. Ataca a una vulnerabilidad publicada por Shadowbrokers. Ya ha afectado a Telefónica, Iberdrola o BBVA. Apagad si sois clientes. La han liado buena». Poco después era evidente que había un ataque mundial contra grandes compañías.

El ransomware es un viejo conocido de la brigada de delitos telemáticos de la comisaría de Vigo. Los agentes investigaron su origen hace un año porque infectó a decenas de empresas de la ciudad, a las que exigió un rescate en bitcoins. Las sospechas recayeron en bandas de hackers de Europa del Este. Esta vez atacó a escala mundial. El virus hacía una comprobación de si un dominio raro de Internet existía y mientras no lo encontraba seguía infectando a todo el mundo. Al final, un experto del Reino Unido registró ese nombre y se acabó la amenaza. «No les ha salido muy bien el ataque pero yo he tenido que hacer horas extras», comentaba el experto en ciberseguridad Antonio Fernandes. Muchos de sus amigos salieron tarde del trabajo. En Vigo y Pontevedra afloran aún hoy decenas de denuncias de afectados.