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Adiós a la palanca de cambio

EXTRAVOZ ON

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17 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Durante las últimas décadas, los españoles fuimos muy reacios a adoptar los cambios automáticos en nuestros coches. Mientras los americanos del norte no entendían de otra solución y los europeos iban descubriendo las bondades de no usar el embrague, en España, cuando salía el tema, surgían multitud de comentarios, muchas veces de corte machista, como si por utilizar un cambio automático fueses peor conductor o flojease la virilidad.

Total, que no comprábamos un coche automático ni a tiros. Éramos, somos aún, muy de pisar a fondo el embrague (para qué nos dio la naturaleza si no el pie izquierdo), hacerlo patinar, empujar furibundamente la palanca de cambios, meter primera y salir, si puede ser incluso haciendo chillar un poco los neumáticos. Eso nos emocionaba. Y eso que los cambios automáticos dejaron de ser aquellos anodinos cambios de variador continuo, lentos y ruidosos, para convertirse en cambios secuenciales de doble embrague y en muchos casos ayudados por levas en el volante, igual que un F1.

Esa tecnología tan avanzada hizo que de aquellas primitivas palancas de cambio pasásemos a otras de tamaño más reducido y recorrido más corto, que todavía hacían más cómodo el cambio automático. Ni siquiera los taxistas -cientos de horas semanales al volante, mil semáforos cada día- se adhirieron a las bondades de dejar la pierna izquierda y el brazo derecho en reposo durante su jornada de trabajo.