Volvo 145, el familiar sueco que triunfó en los setenta

Alejandro Mínguez

EXTRAVOZ ON

Agos Iglesias

Era un coche muy poco habitual en la España de la época, caracterizado por sus líneas rectas y los elementos de seguridad que incorporaba, que lo hacían destacar sobre la mayoría de sus competidores

16 ago 2021 . Actualizado a las 19:57 h.

A finales del año 1967 la marca sueca Volvo presentó la versión de su familiar de 5 puertas comercializado como 145, con 464 centímetros de longitud. Recibió los calificativos de seguro, espacioso, práctico y cómodo. Arco antivuelco integrado, reposacabezas delanteros o circuito de freno doble eran algunas de las novedades que montaba la serie 100 de Volvo en aquel momento de forma innovadora, lo que lo hacía destacar sobre sus competidores. Con líneas aún muy verticales como característica de la casa en la época, presentaba un portón posterior casi recto y sería un coche rompedor en la España de finales de los sesenta y años setenta, del que se conservan pocas unidades en el estado como el que está la de Francisco González Gamallo, en Ourense. El volumen de carga era de dos metros cúbicos y el piso del área de carga, plano. Se fabricó durante siete años hasta que en 1974 la serie 200 tomó el relevo y el 245 Polar se convirtió en el familiar de referencia de la casa, gozando de notable éxito y siendo igual de popular o más que el 145. Los familiares de Volvo fueron entonces coches deseados en media Europa y también en América, aunque tímidamente en España.

La unidad de Francisco González está matriculada en Oviedo, ya que en los setenta trabajaba en el sector ferroviario en Asturias. Tiene un motor de gasolina de dos litros. El cuentakilómetros marca poco más de 200.000 kilómetros, pero tiene un motor eterno, relata su propietario, admitiendo que nunca ha tenido una avería grave y nunca lo dejó tirado en la carretera. Lo compró de segunda mano en 1974 a un asturiano que había emigrado a Bélgica y a su regreso decidió cambiarlo por otro coche. Tenía dos años y muy pocos kilómetros, recuerda, y le gustó al ser un coche nada habitual en la España de los setenta, donde los que más se veían eran Seat o Citroën. Cambió su 1.430 por una ranchera importada que le parecía muy segura y fue el vehículo para uso diario de toda la familia. Lo ha mimado durante muchos años y es muy celoso de que lo conduzca nadie más que él a sus 88 años, pues a su hijo Paco apenas se lo deja conducir, pero confiesa que lo cederá en herencia a un nieto al que sí le permite conducirlo. Tuvo que comprar recambios en Portugal, ya que en España era imposible encontrarlos, aunque le han hecho falta pocos, la unidad está en estado original y perfectamente conservada, lo que provoca que cada vez que lo saca a la calle reciba ofertas de compra y sea objetivo de aficionados y curiosos que se quieren fotografiar con el coche sueco de líneas rectas.

Tiene autorizadas siete plazas, dos de ellas en el maletero y que van orientadas en el sentido contrario a la marcha. Recuerda Paco que les encantaba de pequeños ir en esos dos asientos: «Íbamos saludando a todos los coches por la carretera». Además de las siete plazas, en su época montaba un porta-equipajes superior que iba lleno. Ha recorrido toda España y Portugal en los 47 años que lleva en manos de Francisco González Gamallo y recuerda, como anécdota, un viaje a Jaén en el que se rompió una pierna y regresó semi-escayolado a Ourense, con alguna dificultad, a los mandos del 145.