Recuperan el Dauphine de su padre medio siglo después

Alejandro Mínguez

EXTRAVOZ ON

MIGUEL VILLAR

Para la familia Villar de Ourense ha sido un sueño. Recuperaron el coche paterno de la infancia para disfrutarlo. Miguel y Belén rescataron una unidad que ahora incluso conduce el hijo de uno de ellos, Pablo. Un modelo galo que medio siglo después regresa a la familia y recorre espacios ya conocidos.

19 jul 2021 . Actualizado a las 13:04 h.

Medio siglo después de su venta, los hermanos Villar de Ourense han vuelto a comprar el primer coche de su padre, Miguel Ángel, un Renault Dauphine en estado de museo. El coche tiene una interesante historia, no en vano fue testigo de inauguraciones de embalses, carreteras y otras obras en los años sesenta por toda la provincia de Ourense, ya que su propietario era fotoperiodista y cubrió informativamente cientos de eventos con el vehículo francés para la prensa escrita y la televisión.

Se trata de un coche del segmento C con escasos cuatro metros de longitud, del que se fabricaron entre 1956 y 1968 algo más de 2.100.000 unidades, algunas de ellas, como la ourensana, en la FASA de Valladolid, y del que quedan muy pocos ejemplares en buen estado. Un sedán de 4 puertas y 845 centímetros cúbicos con motor trasero que fue muy conocido por el sobrenombre de «coche de las viudas». Era rápido para la época, montaba un motor Ventoux de 4 velocidades que ofrecía 26 CV y llegaba a alcanzar casi 120 kilómetros por hora por las malas carreteras de entonces y, a causa de los ejes oscilantes, tenía una suspensión posterior que provocaba salidas de vía con desenlaces fatales en algunos casos, lo que le propició una inmerecida fama. Además, este modelo sufría de una rotación de la rueda exterior sobre sí misma al producirse el apoyo en curvas, conocido como «acuñamiento», y visualmente las ruedas no permanecían verticales en relación al suelo, pese a ser un coche apreciado y por encima de la media. El Renault 8 sería el sustituto de este peculiar modelo galo.

Fue una novedad en el escaso mercado automovilístico español por su elegancia, colores de la carrocería y extras; tuvo una versión de lujo denominada Ondine y una deportiva llamada Gordini. Un modelo con el que Renault se lanzó a la aventura americana tratando de introducir el turismo de tres volúmenes entre los modelos más allá de Atlántico, pero tuvieron un escaso éxito en el norte, aunque les fue mejor en Argentina o Brasil.

CAMBIO DE MANOS Y REGRESO

Cuando Miguel Ángel Villar decidió cambiar su Dauphine por un Renault 5 con motor 950 en el entonces concesionario ourensano Luis Aragonés, el vehículo pasó a la colección particular del propietario de la concesión francesa, donde ha permanecido hasta ahora. Aragonés le hizo alguna mejora a la unidad, con pequeños retoques, y lo conservó con mimo con algunas otras joyas de la marca francesa. A finales del año pasado se produjo un cambio en la propiedad de la concesionaria y decidió ofrecer el Renault Dauphine del fotoperiodista Villar a sus hijos, Miguel y Belén, fotógrafos también ambos, que alcanzaron un acuerdo para hacerse con el coche que recordaban de su infancia con gran cariño. No dudaron un instante en comprarlo y agradecieron el gesto de Aragonés, que había forjado una amistad con su padre.

No hay gran cantidad de unidades en venta de este modelo francés. Las dañadas para restaurar se pueden adquirir por 1.500 euros, pero los Dauphine restaurados y para salir a la calle con ellos se sitúan muy por encima de esa cifra.

Poco hay que hacerle a la joya adquirida por los hermanos Villar ahora, aparte de darle cariño y lucirlo en las concentraciones de clásicos o un día cualquiera por las calles ourensanas por su excelente estado de conservación, que provocará sin duda más de una mirada y fotos de los aficionados a los clásicos, como sucedía hace algunas fechas a los pies del embalse de Cachamuiña en una sesión fotográfica para ON Motor. Fue el coche en el que su padre viajaba a ver a su madre, Milagros, a Palencia en la época de noviazgo y el vehículo utilizado para la luna de miel a Barcelona, algo muy poco usual a comienzos de los sesenta. Pincharon en Logroño, pero Miguel Ángel, que llevaba una completa caja de herramientas, podía solventar imprevistos que hace más de medio siglo podían dejarte tirado. Fue además el coche con el que viajó la familia desde Ourense a Vigo para ver el mar, toda una aventura. Ahora les esperan otras nuevas para seguir escribiendo la historia de esta peculiar unidad en la que Pablo, hijo de Miguel y nieto del primer propietario, también tiene un papel protagonista al convertirse en uno de los conductores habituales de la joya que tienen en el garaje.