La moto como liberación

Juan Ares FOTO: MARKUS JAHN

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Markus Jahn

20 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Desde el sector de la moto, como ha indicado a este periódico el secretario general de la patronal, José María Riaño, se ha notado que tras la pandemia mucha gente se ha acercado a las tiendas y concesionarios de motos para comprar vehículos, nuevos o de ocasión. Son personas que se aproximaron a la moto, muchas veces por primera vez, con la intención de adquirir un vehículo que les permitiera disfrutar de un transporte personal y económico, como alternativa al transporte colectivo que en tiempos de pandemia no inspiraba mucha confianza.

Hablando también con los profesionales del sector nos confirmaban que ellos notaron esta inquietud en muchos clientes y corroboraban que no solo en lo relativo a encontrar un transporte urbano cómodo y económico, sino también a la hora de buscar motocicletas de mayor cilindrada, con las que emplear tiempo de ocio, de fin de semana o de vacaciones, explorando otros lugares, viajando o escapándose a la naturaleza sobre dos ruedas. Solo hace falta contemplar estos días cómo proliferan los grupos de motoristas por todas las carreteras gallegas sobre grandes motos, ese estilo travel que se ha puesto de moda en todas las marcas, con maletas, muchas veces viajando en pareja, buscando la escapada o la evasión en la naturaleza.

La moto siempre ha tenido ese componente liberador, que nos permite viajar en contacto con el aire libre, una sensación única, que marca muchas veces el carácter de los moteros. Y Galicia ha sido una avanzada en este movimiento, ya que el propio José María Riaño, desde Anesdor, nos confirmaba que nuestra comunidad ya había entrado este año en cifras positivas de ventas, antes incluso que muchas otras comunidades españolas, a pesar de que siempre se le supone a Galicia un componente climatológico adverso para la moto.

Es cierto que no todo son noticias positivas. Ese auge de la moto, ese aumento en su uso, en los kilómetros que recorremos en ella, en los nuevos usuarios, trae consigo también un aumento de la accidentalidad, notable este año entre motoristas, que se ven penalizados por el mal estado de muchas carreteras y donde los guardarraíles siguen amenazando en cada curva.

La moto aguanta bien el envite de las bicicletas, también en auge, o de los patinetes, sus rivales sobre dos ruedas. Aquí la orografía gallega juega a favor de la moto y esas cuestas ayudan a un vehículo a motor.

También ayuda que en muchas ciudades ya se esté favoreciendo su uso, con aparcamientos y espacios reservados en los semáforos o el uso permitido de los carriles bus.

Todo se pone a favor de un medio de transporte que no tiene rival en agilidad, facilidad de uso, economía y sensación de libertad. La moto aborda, como el coche, el reto de la electrificación que dejará atrás los humos y de paso los ruidos, un punto débil este último de la moto en las ciudades. Pero todo hace pensar que ese reto también se superará porque la ligereza de la moto la hace menos vulnerable a las medidas anticontaminación y los fabricantes ya han cumplido al lanzar los motores Euro 5, que aprueban la normativa europea. Por eso, ahora mucha gente empieza a plantearse que la moto puede ser una buena solución para su vida y para su bienestar.