La sopa de letras de los híbridos

Hace diez años era fácil: ¿diésel o gasolina? Pero si usted ahora entra en un concesionario y pregunta por un híbrido le dirán que cuál: el HEV, el PHEV, el MEV, el de gas o el de autonomía extendida. Vamos, un lío.


La electrificación nos ha traído una complejidad técnica importante. Antes era fácil, saber si queríamos un gasolina o un diésel. Pero ahora, además de estas dos alternativas, tenemos coches eléctricos, que también pueden ser de autonomía extendida; tenemos coches de hidrógeno, incipientes todavía, pero con futuro, y sobre todo tenemos híbridos, muchos híbridos, en todas las marcas, de todos los tamaños y con todos los formatos.

Pero ojo, porque dentro de los híbridos hay diferentes tipos, cuatro en especial, y no es baladí el tema porque usted puede convertirse en un conductor feliz comprando un híbrido enchufable, o sentirse un auténtico desgraciado por haber elegido un híbrido puro, o viceversa.

La culpa de todo la tuvo el Toyota Prius, que allá por 1997 se convirtió en el primer modelo de éxito dotado con un motor de gasolina, ayudado por otro eléctrico y alimentado por una batería que, a su vez, se recargaba sobre la marcha en frenadas y descensos. Y no es que la tecnología híbrida sea un invento de finales del siglo XX, porque ya a principios del mismo, en 1901, circulaba por Alemania un Porsche híbrido.

Lo cierto es que la hibridación, ayudada por la política mundial de descarbonización para preservar el medio ambiente, empujó a todos los grandes grupos automovilísticos a la electrificación. Unos apostaron por eléctricos y otros por híbridos y hace pocos años se encontró una tercera vía que era el híbrido enchufable, una versión que alimentaba sus baterías de forma externa. El problema principal de los híbridos era que sus baterías pesaban mucho y ocupaban mucho espacio también, así que en los últimos cinco años se encontró una nueva vía híbrida, la de la microhibridación con sistemas eléctricos de 12, 24 o 48 voltios que asistían ligeramente a los motores de gasolina o diésel, tanto en las arrancadas como en los momentos de máximo requerimiento de potencia. Los microhíbridos no necesitan tantas baterías, por lo que son más ligeros.

Y como híbrido es cualquier modelo impulsado por dos sistemas diferentes, hay que hablar del cuarto tipo de híbridos, estos sin electricidad, que son los coches de gas, que combinan este combustible con la gasolina para moverse.

El mundo híbrido evolucionará en los próximos años y no se descarta que nuevas siglas vengan a añadirse a las actuales. Esto acaba de empezar.

Cuatro tipos, de momento

HEV (híbridos convencionales)

En los híbridos convencionales, las baterías del motor eléctrico se recargan a través del motor de gasolina, en las frenadas y descensos. El motor eléctrico impulsa el coche pero con limitaciones. Por eso su rendimiento es mejor en ciudades que en carretera, donde interviene poco. Ahora mismo suelen llevar etiqueta ECO. Necesitan baterías de gran tamaño. El peso de esas baterías empeora sus emisiones y consumos en carretera respecto a un coche de gasolina. En el mercado hay más de treinta modelos de este tipo.

PHEV (híbridos enchufables)

Los plug-in hybrid o enchufables son los híbridos más sofisticados. Sus motores eléctricos son más potentes que los demás y permiten rodar hasta 60 kilómetros solo en modo eléctrico. Se recargan enchufándolos, igual que un eléctrico, y también en marcha, pero requieren grandes y pesadas baterías (entre 150 y 300 kilos) que restan espacio al maletero o al depósito. Pueden acoplarse a motores gasolina o diésel (Mercedes). Para uso diario en ciudad o distancias corta son imbatibles, pero su precio es alto. Etiqueta cero.

MHEV (microhíbridos)

Se llaman también mild hybrid o microhíbridos. Trabajan con un pequeño motor/alternador eléctrico alimentado con bajo voltaje, que no mueve por sí solo el coche, pero que le ayuda en arrancadas o en máximas aceleraciones. Rebaja ligeramente los consumos y emisiones y mejora las respuestas del motor de explosión. Esta tecnología sirve para motores de gasolina y también diésel. Son un poco más caros que los modelos convencionales y llevan etiqueta ECO, de momento. Se está generalizando su uso.

GLP o GNC (híbridos a gas)

Son coches con motor de explosión convencional, de gasolina, pero que pueden emplear un segundo combustible en forma de gas, ya sea GLP (gas licuado) o GNC (gas natural). Llevan un depósito de gasolina y otro u otros para el gas. Pueden cargar entre ambos más carburante y les permite autonomías de más de 1.000 kilómetros. Funcionan por defecto con gas y, cuando se agota, pasan a hacerlo con gasolina. No pierden potencia ni prestaciones con el gas, pero emiten menos. El gas es un 40 % más barato.

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