No venderán coches, sino movilidad


Todos los grandes grupos automovilísticos han planificado sus estrategias para el futuro en torno a un nuevo concepto, el de la movilidad. Eso quiere decir que en las próximas décadas dejarán de vendernos coches en propiedad, como ahora se entiende el negocio, y pasarán a vendernos servicios y soluciones.

Es decir, si necesitas salir de casa a hacer la compra al súper o a una tienda de ropa, habrá vehículos de carsharing aparcados cerca de tu casa, que podrás alquilar a través de una aplicación telefónica y usarlos durante el tiempo que necesites, pagando solo el tiempo empleado o los kilómetros que hagas. Esto no es nuevo, ya se hace desde hace varios años en Madrid, aunque no estoy seguro de que las empresas que se dedican a ello consigan rentabilizar el negocio.

Lo mismo ocurrirá cuando usted decida comprarse un eléctrico y compruebe que no son coches hechos para grandes viajes, aunque algunos iluminados todavía creen que sí. En ese caso la misma marca le cederá un coche de gasolina o diésel, sí cielos, ¡un diésel!, para marcarse millas de vacaciones con su familia o amigos.

Con la llegada de los vehículos autónomos a la vuelta de la esquina, el negocio del taxi y del Uber cambiará mucho. Los coches no necesitarán conductor y será posible coger vehículos autónomos, ordenarles que nos lleven a donde queramos y, si por el camino encontramos otros usuarios que vayan al mismo sitio, compartiremos espacio y trayecto con ellos (esto solo será si alejamos la maldita pandemia de una vez por todas).

En fin, que las marcas ya tienen claro que cada vez tenemos menos interés por la propiedad y más por el uso y disfrute. Dejaremos de preocuparnos por encontrar aparcamiento, por echar gasolina al coche, por cambiarle las escobillas o las ruedas, y ni siquiera tendremos que ir a lavarlo de vez en cuando. Simplemente tendremos un montón de opciones sobre ruedas a nuestro alcance. Si, de dos o de cuatro ruedas.

La visión romántica del coche se extingue. Lo de comprar un coche, pegarle en la trasera una pegatina que te defina como discotequero, deportista, surfista o usuario de un Mac, colgarle del retrovisor el rosario que te regaló tu madre o el peluche de tu pareja, y llenar la guantera con tus pañuelos de papel y tus gafas de sol no va a ser posible en el futuro. Los coches serán eléctricos, sin emisiones y compartidos. Y no serán nuestros.

Por eso me sorprende, agradablemente, que Renault, al tiempo que presenta sus planes para el futuro, nos haya hecho llegar fotos de un prototipo de coche urbano y eléctrico con un claro guiño al R5, su modelo emblemático de los años setenta, uno de esos coches que representaban la esencia romántica del automóvil, lo mismo que los Ford Fiesta, Seat 127 y Opel Corsa de entonces. Cuando ser el propietario de uno de estos coches era el sueño de la mayoría de jóvenes.

Este Renault 5 Prototype, que así se llama, significa que en las marcas, todavía quedan románticos que aman el automóvil por su historia y tradición, nostálgicos de los tiempos en los que los coches olían a gasolina. No seré yo quien diga que cualquier tiempo pasado fue mejor.

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