Compre coche ahora, o calle para siempre


Todos los años, llegado el mes de noviembre, contamos la misma cantinela. Es el mejor momento para comprar un coche, como si la apretada economía de la mayoría de los españoles no tuviera demasiado con las fiestas que se avecinan y los gastos extras que se derivan de ellas.

Esta cantinela, que se repite cada doce meses, viene dada porque se cierra el año y los concesionarios tienen ante sí la jugosa tajada de los pluses, rápeles y bonus por conseguir objetivos. A unos les faltan diez coches, a otros cincuenta y a algunos se les atraganta este o aquel modelo. De manera que están dispuestos a sentarse con cualquier posible comprador y negociar, cual si de Pedro Sánchez y los Presupuestos del Estado se tratase, para llegar a un acuerdo. Así que eso ocurre históricamente y este año no va a ser una excepción.

Pero este año hay un factor determinante que va a hacer que, si usted tiene la intención, o la necesidad, de comprar coche nuevo, se pueda arrepentir de no hacerlo antes del 31 de diciembre. Y eso es porque en 2021 entran en vigor nuevas normativas que atañen al impuesto de matriculación y que van a hacer que los coches más económicos, hasta ahora exentos de dicho impuesto, comiencen a pagar, por lo menos, un 4,75 % más. Plasmándolo en ese utilitario que cuesta 20.000 euros, vendría a significar 950 euros. Total, que el 1 de enero el coche al que le tiene echado el ojo le va a costar seguro casi mil euros más y además las promociones que ahora tienen muchos coches, con 2.000 o 3.000 euros de descuento, desaparecerán del mapa. De ahí que podamos decir aquello de... ahora o nunca.

Y es que el panorama para 2021 a la hora de comprar o vender coche, en el caso de las redes comerciales, se complica. Primero por el dichoso impuesto, un impuesto que se dice que es verde, porque se atiene a baremos medioambientales, de emisiones de CO2, pero que en el fondo tiene un interés recaudatorio claro.

Hasta el 31 de diciembre del 2020 el impuesto de matriculación se rige por un baremo según el cual los vehículos que emiten menos de 120 gramos de CO2 por kilómetro están exentos de su pago. A partir de esa cifra se establecen una serie de tramos, el primero de los cuales, de 120 a 160 gramos, ya paga un 4,75 %; un 9,75 % si es entre 160 y 200 gramos, y así paulatinamente.

Pero la situación cambia drásticamente el próximo año porque la valoración de emisiones de los coches se va a hacer con el baremo WLTP, realizado en condiciones reales de circulación y no en laboratorio, donde se hacía antes, con valores inferiores a los reales y en algunos casos con algunas marcas que hacían trampa, como recordarán. Con los datos WLTP será difícil que los modelos más vendidos en el mercado español consigan mantenerse por debajo de los 120 gramos, con lo que pasarán a cotizar como mínimo el 4,75 % citado. Un nuevo rejón clavado en el lomo del automovilista, que ya venía soportando banderillas como la subida de impuesto al diésel o la de los peajes de autopistas.

Un rejón, además, que va a incidir más en los menos pudientes, que son los que compraban esos coches utilitarios hasta ahora exentos del impuesto.

Y aún hay quien dice que son políticas sociales.

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