Paul Bracq: pintura, escultura y automóviles

Las clásicas líneas de los Mercedes de los 60, y las más resueltas de los BMW de los 70, serían establecidas por el diseñador francés Paul Bracq, considerado uno de los mejores ilustradores de automoción.


Ser destinado durante tres años a Alemania para cumplir el servicio militar proporcionaría una importante oportunidad profesional a un joven francés de poco más de 20 años con un destacado talento para la ilustración y el diseño. Nacido en Burdeos el 13 de diciembre de 1933, Paul Bracq se había formado entre 1950 y 1953 en la Ecole Boulle de artes aplicadas de París, y una vez completados sus estudios trabajó brevemente como ilustrador para la Cámara Sindical de Carroceros, antes de incorporarse al taller de carrocerías de Philippe Charbonneaux. Ya en Alemania, asignado al garaje del Estado Mayor, trasladar automóviles del servicio a la sede de Daimler-Benz en Sindelfingen supondría la ocasión de presentar allí una muestra de sus trabajos. El resultado no se haría esperar: terminado su compromiso con el ejército, Paul Bracq comenzaba en 1957 a trabajar para Mercedes.

Bajo la dirección de Friedrich Geiger y Karl Wilfert, y contando entre sus colaboradores a Bruno Sacco, incorporado a la empresa un año después que él, Bracq comenzará con ilustraciones comerciales y el rediseño de elementos de modelos ya en fabricación hasta llegar a dirigir el departamento de Diseño Avanzado. Será el principal responsable de las carrocerías de las series W108/109 de 1965 y W114/115 de 1968, que suponían una suave actualización del austero estilo de la marca, y desarrollará además dos modelos presentados en 1963 especialmente reconocidos: la limusina presidencial Mercedes 600 (W100), y el 230SL (W113), segunda generación de la clase SL, que sucedía al mítico 300SL y su hermano pequeño, el 190SL, que recibiría el sobrenombre de Pagoda por la característica forma del techo desmontable de su habitáculo, y que tendría continuidad hasta 1971 con las variantes 250 y 280SL.

Bracq abandona en 1967 Mercedes, y Alemania, para volver a su Francia natal. Brissonneau et Lotz, empresa de componentes ferroviarios que desarrolla entonces el proyecto del tren de alta velocidad francés, TGV, y fabricante ocasional de carrocerías para marcas como Renault, Opel o Matra, le recluta junto a otro antiguo alumno de la Ecole Boulle, Jacques Cooper, para formar un departamento de diseño que atenderá entre otros el encargo realizado por BMW de un cupé V8 para el mercado estadounidense. Aunque este proyecto no llegará a materializarse, los contactos con BMW le valdrán a Bracq la oferta de hacerse cargo de su reducida sección de diseño, que hasta entonces se había valido fundamentalmente de colaboradores externos, tras la jubilación del que había sido su responsable desde 1955, Wilhelm Hofmeister.

Entre 1970 y 1974, Bracq consolidará un departamento propio capaz de imponerse a propuestas de diseñadores de la talla de Giugiaro, y renovará toda la gama de modelos, desde la serie 5 de 1972 (E12) hasta las que en los años siguientes se lanzarían al mercado, cuando ya había dejado su puesto: la serie 3 de 1975 (E21), serie 6 de 1976 (E24) y serie 7 de 1977 (E23). Su renovado lenguaje de diseño llegará también a los interiores, incorporando la consola central en ángulo hacia el conductor que durante mucho tiempo ha sido característica del fabricante. Además de la gama comercial, dejará durante su estancia en BMW un modelo que causó sensación desde su presentación con motivo de los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972, el Turbo Concept, un radical prototipo de motor central y puertas en alas de gaviota que incorporaba los más sofisticados avances tecnológicos de su época, y del que se derivaría el M1 de 1978.

El interés en reducir la dependencia de diseñadores externos reforzando sus propios equipos de diseño llegará también a Peugeot, que será el siguiente destino de Paul Bracq, como responsable de diseño de interiores. Modelos de la época como los 305, 505, 205, 405, 106 y 406, además de prototipos como el Quasar, el Próxima y el Oxia, llevarán en su interior el sello de Bracq, que ocupará el puesto hasta su jubilación en 1996.

En paralelo a su carrera profesional, Bracq, que se confiesa un melómano apasionado, ha mantenido a lo largo de su vida su dedicación al dibujo, la pintura y la escultura. Tras su jubilación sería miembro habitual como jurado en eventos del automóvil, y junto a su hijo Boris establecería en Burdeos los Ateliers Paul Bracq, dedicados a la restauración de Mercedes clásicos, especialmente Pagodas.

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