Nuevas formas de vivir el automóvil


Dicen los sociólogos que esta crisis del coronavirus cambiará nuestra forma de vivir, nuestros valores, nuestras relaciones y nuestros objetivos. Y seguramente tendrán razón, porque esta sociedad le ha visto las orejas al lobo y quizá eso nos hará replantear el objeto de nuestra vida.

Desde dónde queremos vivir, cómo y con quién, hasta nuestra forma de relacionarnos con los demás, o incluso nuestra movilidad. Y como dentro de nuestra vida el automóvil es una parte importante para muchos, tal vez este elemento sufra también un cambio en sus formas o en su uso.

Para empezar, las pandemias de salud como la de este covid-19 demuestran la importancia del transporte individual frente al colectivo. Metros, autobuses, trenes y aviones son ahora lugares peligrosos por la proximidad entre las personas que los utilizan. Por eso la gente demuestra en estos primeros días de movilidad su preferencia por transportes individuales más seguros y no hablo solo de automóviles, sino también de otros como las motos, las bicis o hasta -admitámoslo- los patinetes.

Viajar solos o acompañados de nuestros seres más próximos nos da seguridad, confianza y aleja los miedos de los atiborrados autobuses o aviones, donde la mascarilla es nuestro único escudo ante esa tos o aquel estornudo que siembra el pánico en diez metros alrededor.

Se nota en los planes de algunos afortunados que ya preparan sus vacaciones para julio o agosto. «Este año viajamos en coche» es la frase más escuchada. Y el coche cobra de nuevo más importancia para el futuro.

Pero hay una revolución de valores más profunda que puede derivar en que seamos más responsables con el medio ambiente a partir de este momento en que la naturaleza nos envía pandemias mundiales como respuesta a nuestras agresiones. Y es aquí donde muchos, que hasta ahora no lo pensaban, vuelven sus ojos hacia esa nueva generación de automóviles electrificados, ya sea en mayor o menor medida, y que respetan más el medio natural con escasas emisiones nocivas.

Coches más limpios y también coches más lúdicos, en los que todos los miembros de la familia puedan viajar cómodos. Coches que sean compañeros de nuestras aventuras de vuelta a la naturaleza, o incluso para descubrir rincones de nuestras ciudades que hasta ahora desconocíamos.

Coches que tal vez no tengan tanta importancia como símbolo de estatus, como hasta ahora ocurría, sino que sirvan para convertirse en cómplices de gente que quiere recuperar una vida sana, sencilla y sin tantas preocupaciones consumistas. Coches más prácticos, económicos, polivalentes, más limpios y acogedores. Y donde podamos retornar a los viajes en familia, a las salidas de fin de semana, a ir a la playa o al monte, o sencillamente a hacer la compra. Con los nuestros, con los que nos sentimos a gusto, con los que compartimos la vida.

Si somos capaces de sacar enseñanzas de un horror como el que está viviendo el mundo, algo habremos ganado para construir un futuro mejor. Un futuro que en un país como el nuestro irá ligado a un automóvil que nos ayude a recuperar esa calidad de vida que últimamente habíamos olvidado.

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